La frase de  Teodoro  Petkoff – “estamos mal pero vamos bien”– no  era más que un diagnóstico situacional; la de Eudomar Santos –“como vaya viniendo, vamos viendo”– , en cambio,  encierra una programa de vida. Si algo puede decirse del pensamiento vivo de Eudomar Santos es que es pervasivo y que ha imbuido a todos los sectores nacionales en cualquier época. Y eso incluye al chavismo.

Creo, a estas alturas,  conocer lo suficiente a mi compatriota Eudomar Santos como para adivinar que no responderá públicamente los desconsiderados y groseros chascarrillos de que, últimamente, ha sido objeto en la Asamblea Nacional por parte del ex ministro y hoy diputado del PSUV, Héctor Navarro.

Como no conviene dar nada por sabido, resumiré lo dicho por quien hay que tener todavía por autorizado vocero oficial del partido gobernante, aun a sabiendas de que el único probado vocero del gobierno es Hugo Chávez.  Conviene,  también,  tener cautela porque podría muy bien ocurrir que Hugo Chávez tuviese mejor opinión de Eudomar Santos que la que deja ver el ex ministro Navarro.

No sería ninguna novedad que el Jefe dejase una vez más descolocado a uno de sus más señalados seguidores, enmendándole la plana a Navarro en algún “Aló, Presidente”.

Resumamos lo escuchado en la Asamblea. Navarro se ha hecho un lío al pretender citar una frase, para muchos muy poco feliz, de Teodoro Petkoff.   Me  refiero a aquello de “estamos mal pero vamos bien” que el antiguo ministro de planificación del segundo gobierno de Rafael Caldera soltara alguna vez en rueda de prensa.

Palabra más, palabra menos, Navarro ha sugerido con sarcasmo que el mentor intelectual de Petkoff, y para el caso,de toda las políticas públicas desplegadas con anterioridad a la resplandeciente “revolución bolivariana”, desde al menos 1958, han sido dictadas por la improvisación. Todo por una simplista interpretación de uno de los proverbios – un dictum, para decirlo en latín, que siempre luce muy bien en un artículo de opinión – de Eudomar Santos.

2.-

Quien esto escribe ha sido, modestamente, un aplicado estudioso del pensamiento, no sólo económico, de Eudomar Santos. En general, de todo el vasto cuerpo de teoría que sobre el desarrollo nacional ha ido construyendo Eudomar Santos en estos últimos veinte años de  voluntario apartamiento de la vida pública. Y que ha asegurado dar pronto a conocer.

Llegado aquí, me permitiré una digresión biográfica que espero sirva para explicarme mejor. Santos concita el desdén de la Academia y  de los llamados “expertos” por el simple hecho de ser autodidacta. Un autodidacta , por cierto, de  mucho vuelo, como suelen serlo los hombres que se han hecho a sí mismos.

De origen sumamente humilde,  Santos no ha escatimado esfuerzos para superarse intelectualmente. Y el resultado ha sido que se ha convertido en lo que hoy se conoce como un “polímata”. La mejor definicion de polímata la dio Susan Sontag: “un polímata es alguien interesado profundamente en todo a excepción de nada”.

Un centelleante ejemplo contemporáneo de polímata sería Umberto Eco.

Eudomar Santos es, en mi concepto, un polímata excepcional, y deberíamos los venezolanos felicitarnos de contar con él entre nuestros cada vez más contados hombres de ideas, en vez de hacer chistes fáciles como los que, sin gracia alguna, ha pretendido hacer Héctor Navarro a costa suya.

Impartida ya la noción de polímata, es posible hacer la distinción entre un polímata y un todero. Eudomar Santos es un polímata – un intelectual, silvestre quizá, pero un pensador profundo– mientras que la mitad del gabinete de Chávez está integrado, y no admito discusión sobre esto, por impresentables toderos.

El lector está en el derecho de preguntar en qué momento de su vida pudo Eudomar Santos dedicarse a su propia ilustración. Lo poco que de él se ha difundido, con razón o sin ella, nos los muestra como un mujeriego inveterado y ya se sabe que nada quita más tiempo que la vida galante. ¿Cuándo y dónde pudo hacerse Eudomar Santos, no sólo de una vasta cultura humanistica, sino de profundos conocimientos de economía?

He aquí la respuesta: entre los múltiples oficios que Santos desempeñó en su primera juventud estuvo el de rematador de libros debajo del puente de la avenida Fuerzas Armadas. No se limitó a revender, sino que dando muestras de una asombrosa capacidad intelectual, leyó con criterio crítico todo lo que caía  en sus manos.

El legado de Santos es como el del gran Macedonio Fernández; ha escrito poco porque su sabiduría se prodiga verbalmente en aforismos que retan la inteligencia de quien los escucha. En esto, Santos se asemeja a Friedrich Nietzsche y , también, a los maestros del budismo Zen. “Como vaya viniendo vamos viendo” no es una mera frase sonora. Tampoco resume una doctrina de lo provisional, de lo perentorio. No es el lema de los improvidentes. Es compacta filosofía profunda sobre el devenir humano. Tan profunda que Heráclito luce pendejo al lado de Eudomar Santos.

La frase de Petkoff – “estamos mal pero vamos bien”– no  era más que un diagnóstico situacional; la de Eudomar Santos –“como vaya viniendo, vamos viendo”– , en cambio,  encierra una programa de vida.

Si algo puede decirse del pensamiento vivo de Eudomar Santos es que es pervasivo y que ha imbuido a todos los sectores nacionales en cualquier época. Y eso incluye al chavismo.

No sólo los refugios para damnificados deberían ostentar en la puerta la frase luminosa de Eudomar Santos. Ella merece también figurar como epígrafe en  la portada de la memoria y cuenta ndel gabinete de Hugo Chávez.