Alvaro Uribe, desde luego, no podía creerlo.

Aunque, bien vista la cosa, ¿cómo saber si en esto que parece mascarada no será Uribe el policía antioqueño y maluco y Santos el policía bogotano y buena gente? ¿Quién podrá asegurarnos de que no se trata de una diabólica celada de la Cámara de Exportadores de Colombia ?

De cualquier modo, el abrazo de Santos y Chávez, aunque nos lo vendan como una nueva versión del abrazo de Bolívar y Morillo, no deja de lucir en la foto como el abrazo de Chucky y el Chigüire Bipolar.

Los dos hombres de confianza del comandante Ramiro Valdés destacados en Miraflores, sigilosamente sembrados como topos del G-2 en la Sala Situacional, el compañero Elías Jaua y un comandante de la Dirección de Operaciones Especiales cubana cuyo nombre cifrado es “Yeyo Guanabacoa”, no salían de su asombro. “¡Ñó, mira para eso!”, repetía el Comandante Guanabacoa, desconcertado. “¿ En qué momento se nos escapó el loco, tú?”

Ni Eva Golinger, ni Blanca Eehkout, ni Vanessa Davies, ni los dos Robertos  atinaban a decir algo gracioso sobre el caso.   Bueno, la verdad es que ni Hernández Montoya ni Malaver atinan a decir nunca algo realmente gracioso.  Escarnecen, pero no hacen reír. Muchísimo más desternillante es Jorge Giordani a quien, por cierto, deberían incorporarlo al equipo de ocurrentes del canal 8. José Vicente Rangel, paladín de cien cruzadas contra la pérfida Colombia, por una vez no podía hacerse una opinión instantánea sobre el abrazo en la Quinta “San Pedro Alejandrino”.     El colmo de la entropía cognitiva se deja leer en Aporrea.org: Hay allí quien afirma que Uribe encarna la proterva oligarquía colombiana y que, con Santos, sí se puede hablar.

Quisiera compartir con los  “radicales libres”, como en Pdvsa llaman en voz baja  a los talibanes, lo que me escribe un amigo de Bucaramanga: “Divertida la imaginación de los mamertos   de la vecindad: si hay alguien oligarca es Juan Manuel, sobre todo ahora que vendió sus acciones de El Tiempo para invertir en un mejor negocio, el petrolero. A su lado, Uribe no era más que un finquero rico de carriel, con espejito y navaja”. [En colombiano, “mamerto “ quiere decir “ñángara”. N. de I.M.]

El camarada Pedro Calzadilla, antiguo historiador, coautor , junto  a Elías Pino Iturrieta, de numinosos trabajos sobre el siglo XIX, publicados nada menos que por la Fundación Polar– esto ocurrió, se comprende, el siglo pasado, mucho  antes de contribuir a la creación del Centro Nacional de Historia – y actual viceministro para el Fomento de la Economía Cultural, no es que estaba perplejo: estaba arrecho; arrechísimo: “¿Qué sentido tiene – se preguntaba – haber promovido por orden de Chávez la creación de un CSI historiográfico para rastrear al envenenador del Padre de la Patria, si ahora el Comandante en Jefe viene  a darse un abrazo con ese repugnante especímen de la oligarquía neogranadina y nada menos que en la escena del crimen?”

La oposición no anda menos desconcertada.

En el desayuno bisemanal de uno de los más influyentes sanedrines de opinión opositora, el doctor Simón Alberto Consalvi dictaminó : “ Esto es desastroso. Una catástrofe”. “A ver, Simón, porqué?”, preguntó el doctor Elías Pino Iturrieta, siempre atento a lo que cae de la boca del Talleyrand de Santa  Cruz de Mora. A su lado, dormía Manuel Caballero  quien soñaba que en su próximo artículo se mofaría de Hugo Chávez llamándolo “héroe del Museo Militar.”

Consalvi exhaló largamente el humo de su primer Partagás “Serie D #4” del día y explanó: “Este abrazo en San Pedro Alejandrino lleva agua al molino de la mayoría Nini. El Nini típico podrá ahora argumentar que ya que no habrá guerra y que tan pronto los exportadores colombianos comiencen a cobrar sus acreencias – para eso cuenta Elías Jaua con buena parte de los treinta mil millones de dólares del empréstito chino–, entonces el cuadro de escasez se verá mitigado: comenzará a llegar regularmente la leche Alpina, la cerveza Polar de exportación,  los muebles Bima, la papelería y los útiles escolares Norma,  los insumos textiles y farmacéuticos – el Lexotanil de 6 mg, tan imprescindible en estos tiempos – también el arequipe y los bocadillos de veleños de guayaba.  Con el Bono Soberano – de nuevo los dólares chinos – bajará la presión  inflacionaria, habrá plata como arroz en la calle y en la mente veleidosa del Nini, que al cabo es mayoría, Pudreval será solo un mal recuerdo y no será ya atractivo votar el 26-S por Enrique Mendoza”.

“¡Pero eso sería trágico, doctor Consalvi!”, exclamó Pino Iturrieta, alarmadísimo. “¡Shhhh! Baje la voz , doctor Pino!”, advirtió Consalvi: “ No vaya a despertar a Manuel”. Al escuchar su nombre, Caballero despertó y maquinalmente dijo, despabilado: “ ¿Saben qué? Estoy pensando llamar a Chávez “héroe del Museo Militar” en mi próximo artículo”.

Pero de todos los opositores, uno de los más sorprendidos he sido yo mismo: Chávez, no sé si lo habrá usted notado, me ha citado en su, llamémosle así, alocución de San Pedro Alejandrino.

Puede leerse transcrita en el portal de la Presidencia en internet.    Hacia el final, Chávez dice: “Yo le comentaba al Presidente que hace poco leí un artículo cuyo título [es], como para una novela, muy bonito el título: ‘Petróleo en el cafetal’ ¿Ve? Petróleo en Colombia, yo siempre he dicho: en Colombia tiene que haber mucho más petróleo, lo creo. Y los estudios que nosotros tenemos, acerca de las masas territoriales, las plataformas, indican esa posibilidad. Y nos da mucho gusto que Colombia incrementa su producción de petróleo.”

El artículo aludido apareció con mi firma en la edición del  4 de agosto, de “El Mundo economía y negocios”– donde con mucho gusto atiendo cada miércoles por sólo Bs.4  – y, la verdad, celebro que el Presidente haya encontrado bonito el título, como para una novela de Román  Chalbaud rodada en coproducción con Colombia.

Se trata de la reseña de un coloquio en que participé hace poco en Bogotá, junto a dos respetados economistas colombianos, los doctores Guillermo Perry y Mauricio Reina. En sus párrafos finales discurría yo sobre los males del petroestado y me pregunto si el Presidente Chávez habrá leído lo que a continuación reproduzco:

“Mi papel en aquel coloquio se limitó al de testigo de cargo de cómo los   petroestados populistas, autoritarios, estatizantes, colectivistas  y tiránicos  como el nuestro, castigan a sus ciudadanos, empobreciéndoles y coartando sus libertades individuales y económicas. Oyendo a Perry y Reina, pensé en cierto momento en lo que dijo de Venezuela uno de los primeros scouts de las petroleras, allá por  1908, hace más de cien años : ‘ Hay aquí mucho petróleo, ciertamente. Y un dictador bárbaro, rodeado de coroneles y abogados con ideas generales sobre el mundo’.

‘Colombia tiene petróleo y va camino a ser un país petrolero – me dijo, luego, un prominente miembro de la diáspora petrolera venezolana que hoy hace su aporte al boom colombiano –, pero no está condenada a ser un petroestado’.

En efecto, además de petróleo, hay en Colombia hombes de ideas e instituciones para llevarlas adelante.  Y un clima de libertades democráticas que hace  posible el debate sobre qué hacer con una súbita riqueza.”

Me leen en las alturas, amigos, pero sólo para expropiarme   el título.