Tibisay
La Tibisay de este cuento de año electoral no es la funcionaria del colegio electoral a quien se acusa de componedora y de cargar los dados.A decir verdad, no es cuento lo que hoy traigo, sino el comentario y un par de citas in extenso de un texto publicado en la prestigiosa revista internacional Gatopardo a comienzos de año.
Su autor es el escritor y periodista venezolano Boris Muñoz. Se trata de la crónica de un corto viaje que Muñoz hizo a Caracas durante las fiestas decembrinas. Muñoz vive en los Estados Unidos donde hace vida académica en la Universidad de Harvard.
Si está usted leyendo este artículo online, podrá ver el reportaje de Muñoz haciendo click en el hipervínculo “Chávez, con el porvernir a la espalda”.
La pieza destaca, me parece, por su probidad intelectual y porque prevalece en toda ella un talante ecuánime y un tono mesurado, infrecuentes en estos tiempos que polarizada y crispación que a los venezolanos nos ha tocado vivir. Muñoz, debería sobrar decirlo, escribe pensando en lectores no venezolanos. Los fragmentos que citaré aparecen entre corchetes.
Mucha gente en Venezuela confiesa estar cansada de las huecas “valoraciones” y ambiguos pronósticos que suelen ofrecer las empresas encuestadoras.
En especial, del estilo anfibológico de algunos demoscopas que, sin acusar ningún conflicto de intereses, se permiten escribir desahogados y petulantes artículos de opinión. En ellos frecuentan fórmulas del tipo “ Chávez puede perder, pero también puede ganar”, o bien “ este informe es sólo la fotografía de un momento dado, lo que cuenta es la tendencia proyectada en el tiempo”, et cétera. Quizá porque Muñoz no es demoscopa, optó por caminar, ver y, sobre todo, preguntar y escuchar.
Su “muestra demográfica” es reducida pero representativa y de amplio espectro: una amiga poeta― Nilda Hernández―, un funcionario chavista, amigo de Muñoz y que habló bajo condición de anonimato―, un precandidato opositor “con chance”―Henrique Capriles Radonski―, una académica que está de regreso del “chavismo crítico”, aunque no demasiado, para que nadie se equivoque con ella― Margarita López Maya―, Teodoro Petkoff ― a quien ya usted conoce― , un perspicaz observador extranjero ― el escritor colombiano Santiago Gamboa― y una mujer con quien Muñoz se puso a conversar, sentados ambos en un banco de la Plaza Bolívar. La mujer se llama Tibisay.
2.-
[Tanteé a la mujer a mi lado ― ahroa es Muñoz quien habla―.Su nombre era Tibisay Ochoa y había trabajado en un banco de vivienda durante veinticuatro años. Dijo estar esperando a su hija, que estaba en clases de catecismo en la iglesia de Santa Capilla, situada en la esquina norte de la plaza. Iba vestida con jeans y camiseta fucsia.
Al principio de la conversación Tibisay se mostró tímida pero receptiva. Para ella, Chávez ha mostrado un gran espíritu de lucha desde el anuncio de su enfermedad. "Es bastante dedicado al país, a pesar de sus cosas. Mi mamá, que no es chavista, lloró al oír la noticia y ahora simpatiza más con él". Tibisay vive en La Pastora, el sector más antiguo de Caracas, donde aún hay casas de zaguán y altos techos de caña brava que datan de la Colonia. Chávez también ha significado un cambio positivo en la vida de los pastoreños. "Uno que viene de tiempos atrás ha visto con él progreso e igualdad. Veo en La Pastora que gente que antes no tenía oportunidades y educación ahora las tiene".
Tibisay es parte de una familia de once hermanos. "Algunos trabajan en el gobierno sin ser chavistas", aclara. Hace una mención oblicua a su filiación política. "Ni siquiera soy del otro lado", dice refiriéndose a la oposición. A estas alturas doy por descontando que Tibisay es chavista. Sin embargo, un momento después de hablar de los logros en educación dice que lo más negativo de Chávez ha sido la inseguridad y el alto costo de la vida, "que no perdonan a nadie".
2
A diferencia de mucha gente que he entrevistado sobre la situación política en Venezuela durante la última década, Tibisay emplea un tono realista, pero sosegado y sereno, para nada militante ni teñido de la furia política, la rabia contenida o la alegría resentida, que han sido el pan de los venezolanos en los trece años del gobierno de Chávez. Al escucharla, juraría que llevaba siglos sin hablar con un compatriota de política sin esa vehemencia capaz de arruinar celebraciones familiares y acabar con amistades de toda la vida.]
3.-
Con frecuencia, leemos y escuchamos juicios y recomendaciones acerca de lo que hay que hacer para llevar con éxito el mensaje opositor a los sectores que, a pesar de los pesares, han permanecido ajenos a las solicitaciones electorales del bloque opositor por alrgos años. Gente como Tibisay.
[Sentado en el banco junto a Tibisay, escogiendo con cuidado cada palabra para no romper el hechizo de nuestra conversación, por fin me atreví a preguntarle: ¿Crees que el presidente deba permanecer por un nuevo periodo? "No veo un remplazo todavía. Leopoldo no está listo. Mi mamá dice que Pablo Pueblo es el hombre. Se ve fuerte físicamente, pero eso no es suficiente. Y a mí no me convence. Sin embargo, creo que Chávez ya cumplió y que hay que dar paso a otro presidente".
Al decir esto, Tibisay se despidió diciendo que ya había terminado la hora de catecismo y debía recoger a su hija.]
Tibisay, como se ve, no está todavía en ese trance que los venezolnaos solemos describir con la expresión “no aguanta dos pedidas”. Pero me late que para allá va, desde que piensa que Chávez ya le cumplió.
¡Si tan sólo el candidato unitario supiese acercarse a ella!

