Un día cualquiera de 1998 me hallaba yo en Tulsa, Oklahoma, con ánimo de entrevistar al presidente de la hoy controvertida Citgo Petroleum Co.

En aquel tiempo remoto, Citgo tenía su sede central en aquella ventosa ciudad. Hoy día, y luego de un contencioso con el estado de Oklahoma, su cuartel general está en la muy bella ciudad de Houston, Texas, en un distrito de ésta urbe sugestivamente llamado “ Energy Corridor”.
Mi viaje formó parte de una gira que hice para ver de cerca los activos, tanto inanimados como humanos, que la pujante Pdvsa de hace 16 años tenía regados por el mundo.
Anduve también por Lousiana y me dí una vuelta por Gelsenkirchen, en la Renania oriental alemana, donde la estatal venezolana llegó a tener una impresionante refinería de conversión profunda.
El caballero con quien había pactado la entrevista se llamaba ( supongo que aún se llama así, con nombre de tenor lírico ) Roberto Mandini. Me pregunto qué habrá sido de él.
Me apresuro a contar que aquel trecho de mi gira tuvo un cariz sentimental para mí, algo digamos familiar, porque en Oklahoma tiene aún hoy su casa matriz la antigua Phillips Petroleum Co., hoy Conoco-Phillips, para la que mi viejo trabajó durante muchos años. El sitio se llama Bartlesville y me las arreglé para echarle un vistazo; la verdad, nada digno de recordar porque Bartlesville es lo que los tejanos llaman un “one-horse town”: un pueblo con un solo caballo. Pero volvamos a quien era el flamante presidente de la Citgo en 1998.
2.-
Tal como lo recuerdo, la designación de Mandini era poco más que una fórmula de compromiso entre la cúpula gerencial “histórica” de la estatal y los designios de Hugo Chávez quien, recién llegado a Miraflores, todavía no sabía del todo como lidiar con la arrogante élite petrolera de entonces.
Es un hecho que, al llegar Chávez al poder, muchos altos gerentes se sintieron llamados a ocupar la presidencia de Pdvsa, en atención a la idea ( que el paro petrolero de 2002-2003 demostró dolorosamente falsa) de que la directiva de Pdvsa no sólo era imprescindible, sino intocable.
Comenzaba el pulso entre el demagogo inescrupuloso pero resuelto y la soberbia y desdeñosa casta gerencial “pedeveca”.
Esa idea falsa de sí misma condujo a la larga al trágico error de cálculo político que fue el celebérrimo paro, error táctico-estratégico que llevó a entregarle Pdvsa con todo y lazo de regalo a Chávez.
Para cuando fui a verlo en Tulsa, Mandini estaba como quien dice, en círculo de espera, “haciendo swing”, antes de ser designado por pocos meses, presidente de Pdvsa. El tipo que realmente cortaba el bacalao en Citgo era un vicepresidente ejecutivo gringo, de visible ancestro cherokee llamado, nunca lo olvido, Dave Tippeconick.
Mandini me pareció estar en una especie de exilio, haciendo tiempo antes de una designación verdaderamente importante.
Fumador inveterado, el hombre interrumpió varias veces la entrevista para bajar a la fachada del edificio corporativo, batida por el viento, único sitio dionde le era permitido fumar. Nunca he visto a un alto ejecutivo petrolero encarnar tan patética imagen de la indefensión.
A mis preguntas, respondía cautamente, sus cuidadosas respuestas acerca del futuro inmediato de la industria eran ambiguas, en tono y contenido, como para no arruinar sus posibilidades futuras con Chávez. Chávez lo designó presidente de Pdvsa….solo por unos cuantos meses, el tiempo suficiente para sustituirlo por el obsecuente ñánagara desconocido que Chávez prefería a su lado y quien, a su vez, fue barrido por la Historia, junto con la lista corta de fugaces nulidades que terminó en Ramírez, Rafael. Actual Archipámpano Energético de la Economía Venezolana en Fase Terminal.
3.-
Si alguna vez visita usted Tulsa, no deje de visitar uno de sus mejores y más célebres restoranes de carne: se llama “The Spudder”,palabreja que en jerga petrolera gringa designa la cabria de un taladro. “The Spudder” es notorio por la decoración de sus paredes, llena de memorabilila petrolera: antiguas fotos de geólogos de superficie, de cuadrillas de perforación, añosos avisos camineros, viejos surtidores de gasolina…
Algo parecido a lo que, dentro de unos cincuenta años, tal vez menos, podriamos organizar como nostálgico museo histórico nacional del petróleo en Venezuela.

@ibsenmartinez