No quiero ni pensar en el día en que una filtración de plutonio proveniente del Reactor Atómico Bolivariano de Puerto Nutrias, a cargo  de compañeros egresados de la Misión Ribas y de la Universidad Bolivariana, dirigidos por científicos rusos y asesorados por charlatanes  porteños y peronistas, induzca alteraciones genéticas en los chigüires y estos comiencen a mutar en gliptodontes alados, los pabones se tornen carnívoros, los caribes desarrollen extremidadles con pulgar oponible, se hagan hervíboros, salten a tierra  y compitan por los pastos con el ganado

¿Cómo es una planta nuclear de energía?

Para simplificar, diremos que hay dos tipos  de reactores: los de fisión y los de fusión. Los llamados de fisión  “trabajan” con isótopos “fisibles” de uranio o plutonio.

Los reactores de fisión suelen designarse térmicos, rápidos o subcríticos, de acuerdo al dispositivo usado para mantener  controlada la reacción en cadena. Un Salón del Reactor mostraría, solamente en el rubro de reactores rápidos, varios prototipos gringos, franceses, alemanes, ingleses y hasta japoneses con nombres tan sugestivos como Superphénix, BN-600, Monjou o EBR-II.

¿Qué tipo de reactor tenían en Chernobyl? ¿Qué podían tener en ese fracaso colosal que fue la URSS? Sólo algo muy parecido a un Lada con el radiador perforado, la batería seca, la “suichera” aislada, la bomba de gasolina ahogada y la “guaya” del acelerador rota.

Hablando con propiedad, el reactor cuyo núcleo se fundió en Chernobyl estaba dotado de un “sarcófago”- así llamaban los técnicos soviéticos al cofre conrtrolador del corazón donde ocurre la reacción en cadena–que estaba hecho de grafito.

Una muy exitosa obra de teatro, estrenada en la URSS al amparo de la “glasnost” y la “perestroika” propiciada por Gorbachov, abordaba el tema de Chernobyl y llevaba, por cierto,  ese tétrico nombre: “Sarcófago”.

El grafito, en rigor, no es más que carbón. Los reactores dotados de grafito pueden ser destinados a fines militares. Leo en el extraordinario libro del profesor   David Goodstein, “Out of gas”, que existe un tipo de reactor de grafito que usa partículas de combustibles muy pequeñas y cuyo enfriado se realiza con helio: este prototipo es intrínsecamente más seguro que el reactor usado en Chernobyl, un perolón que ni siquiera usaba agua.

Hasta ahora han prosperado diversas teorías acerca de qué ocurrió en el reactor de Chernobyl aquel fatídico 26 de abril de 1986. Muchas advierten errores cruciales en el diseño del sarcófago y están llenas de tecnicismos que no caben aquí. Pero toda la evidencia indica que los diseñadores sabían que el reactor operaba en condiciones de alto riesgo y que, intencionalmente, escamotearon esa información a los operarios para no alarmarlos.

Al comenzar el accidente, el reactor contenía  190 toneladas métricas de dióxido de uranio como combustible; se estima que casi un 30% de ese material escapó de las instalaciones.

Es conocida la propensión del sistema comunista a subsidiar ineficiencia y, paradójicamente,  a propiciar la corrupción.  Todavía bajo la era Brezhnev, eran pichones de los gánsters que hoy mandan en Rusia, salidos,  por cierto, de las filas del Partido Comunista de la Unión Soviética,  quienes vendían ilegalmente “cesio -137” a fábricas occidentales que fabricaban aparatos médicos destinados a radioterapia.

En cuanto a la ineficiencia, todavía no se explica nadie porqué de las 211 barras de control del corazón del reactor de Chernobyl, los operarios habían retirado más de 204 justo ante de comenzar el accidente y ya no fue posible activar ningún dispositvo interruptor.

Oficialmente se reportaron tan sólo 31 muertes directamente asociadas al accidente nuclear, la mayoría de ellos  bomberos que acudieron a extinguir los incendios sin protección alguna contra la radiactividad ambiente.   Hubo reasentamientos forzosos que afectaron a más de 600.000 personas. Aunque Greenpeace cuestiona los resultados oficiales soviéticos, estos predicen que durante los próximos 70 años se registrará un aumento del 2% en los casos de cáncer entre la población civil expuesta a la radiación y que, en definitiva, unas 4000 personas morirán a la larga a causa de enfermades asociadas a la lluvia radiactiva.

El accidente de Chernobyl , según la IAEA, liberó 400 veces más contaminación radiactiva que la bomba arrojada por los EE.UU. en Hiroshima y, aunque el 60% de la lluvia radiactiva se posó en la vecina Belarus, sus efectos ambientales alcanzaron a llegar muy lejos,  al lejano oriente de la antigua URSS, a la Europa Oriental, los países escandiavos, el Reino Unido e incluso la costa este de los EE.UU.

Es posible que el plan nuclear bolivariano-iraní vaya a parar al mismo basurero de la boconería donde fueron a dar el kit del conuco, los gallineros verticales y los cultivos de yuca hidropónica y de quinchoncho endógeno.Pero no estemos seguros.

Por eso  la advertencia  nunca sobra: no quiero ni pensar en el día en que una filtración de plutonio proveniente del Reactor Atómico Bolivariano de Puerto Nutrias, a cargo  de compañeros egresados de la Misión Ribas y de la Universidad Bolivariana, dirigidos por científicos rusos y asesorados por charlatanes  porteños y peronistas, induzca alteraciones genéticas en los chigüires y estos comiencen a mutar en gliptodontes alados, los pabones se tornen carnívoros, los caribes desarrollen extremidadles con pulgar oponible, se hagan hervíboros, salten a tierra  y compitan por los pastos con el ganado.

Me desvela pensar en el dia en que, minutos antes de un “Aló, Presidente”, al acercar un contador Geiger a la olla sancochera  donde hierve un cruzado de res y gallineta destinado a agasajar al Presidente, el aparato emita un último incrédulo “¡crac, cras, crac!” y le explote en la mano a un técnico nuclear iraní.

¿Porqué mejor no meten en cintura al malandraje, recogen la basura y bachean  las autopistas y las calles?

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