El 71 % de los tweets enviados en todo el mundo son ignorados por completo. Siete de cada diez tweets se pierde en el astral hueco negro del olvido sin ningún tipo de reacción detectable. Una hora depués de que has enviado ese tweet cuya composición en sólo 140 palabras te ha hecho  sentir muy ingenioso, tu mensajito – como dice la nota de “Wired”, ya es historia  antigua, menos que periódico de ayer.


Hace pocos días “me salí” de la red social Twitter.

Recurrí para ello a una página de servicio, un website de acceso libre cuyo lema es “¡Vuelva a tener amigos reales!”. Se llama “Web-0.2 Suicide Machine” (www.suicidemachine.org). Permítame detenerme durante un párrafo  o dos en las motivaciones de los chicos holandeses que mantienen esta web.

Para empezar, tienen mucho sentido del humor  [negro ]. La idea de ofrecerse como una máquina para suicidas responde a la concepción pesimista que tienen de las llamadas “redes sociales”: para ellos, las redes son un limbo de soledades narcisistas, un hiperespacio de inconducente banalidad. Lo más grave, y de ello no cabe duda, es que nada hay más aniquilador de la productividad personal, en especial la de aquellos que, como este escribidor, vivimos  de exprimirnos la mollera  tecleando a toda máquina contra una fecha fija, que la compulsión de “entrar un momentico a ver qué hay ­ para mí en Facebook”.

Sostienen los “webmasters” de esta máquina  para suicidas que la adicción internética que producen las redes sociales en el humano común , con su perenne invitación  a pronunciarse instantáneamente sobre esto o aquello en menos de 140 palabras, es una amenaza letal a la capacidad de relacionarnos con el mundo desde los valores seculares del humanismo.

Sostienen que la sensación de estar “comunicados” es ilusoria; que el frenesí “twitérico” o la compulsión de compartir “links” de prensa, fotos y videos personales, poemas, refranes, canciones, felicitaciones y, sobre todo, opiniones instantáneas sobre asuntos complejos, tal como ocurre en Facebook, es , en lo esencial, inconducente, como todo frenesí. Facebook es para ellos, en el mejor de los casos,  una vitrina de narcisistas, campo catártico  para señoras solas, sala de espera de los desconocidos de siempre. Me apresuro a decir que de Facebook me hago una opinión distina, entre crítica y benévola. No así de Twitter.

Los chicos de la máquina virtual para suicidas, no niegan, por cierto, el potencial de las  nuevas tecnologías; tan sólo se ofrecen a ayudar a protegernos de sus efectos más disolventes: convertir a los internautas en triviales mamadores de gallo parados en una esquina del hiperespacio. Parlanchino té-canasta de “marujas” de la red..

¿Porqué llaman a la suya “máquina para suicidas”? Porque nos proponen “suicidarnos para la red social”. ¿Por qué esta eutanasia virtual? Ah, porque están atentos a borrar todo vestigio de tus datos – códigos, fecha de cumpleaños, teléfonos celulares, cuentas de correo electrónico, etcétera – de los cuales, según muchas denuncias, hacen uso indebido las redes, incluso mucho después de tú haberlas abandonado.  La muerte asistida que ofrece “Suicide machine” te saca para siempre de la esfera virtual.

Con todo, y valgan lo que puedan valer las de estos muchachos, hay razones menos “humanísticas” para poner en duda el valor que comúnmente se le otorga  a Twitter, por ejemplo, cuando se habla movimientos sociales y políticos.

En efecto, una de las supersticiones comúnmente asociadas a Twitter – del mismo tipo de las que, en su momento, alentó Facebook– es la de que constituye una herramienta invalorable para enfrentar gobiernos tiránicos. Moldavia, el Día Mundial contra las Farc, las movilizaciones de la oposición iraní, son algunas de las experiencias en las que Twitter, por ejemplo, ocupa un lugar destacado en los reportajes.

Mirándose en el espejo de Moldavia e Irán, el buen twittero opositor venezolano quizá siente que tiene un motivo de autocomplacencia moral al pensarse émulo de aquellos denodados  luchadores democráticos.

Sin embargo, hay una masa de evidencia, acopiada últimamente por estudiosos especialistas en el tema de las redes sociales que debería ser, por decir lo menos, descorazonadora para quienes  pasan el día enviando sarcasmos de 140 palabras contra Chávez y “retwitteando” las triviales bagatelas de Alberto Federico Ravell o las babiecadas de Simón Alberto Consalvi. No menos inconducente es la “lumpentwittería” chavista, dedicada a la aspersión de léxico cloacal, fánaticas soflamas, amenazas, descalificaciones e  insultos.

Para empezar, echemos un vistazo a las cifras duras de las redes sociales.

Mientras usted lee esto – si es que ha llegado usted hasta aquí–  el número  de twitteros en el mundo rebasa ya los 27 millones, de los cuales se calcula que los venezolanos hacen el 10%. No en balde Gaby Castellanos, reputadamente la mayor twittera de Europa en número de seguidores y “tweets” enviados, es venezolana.

La mayoría de esos twitteros ignora algo que la revista especializada “Wired”[i]ha hecho  público esta semana: que el 71 % de los tweets enviados en todo el mundo son ignorados por completo.¡Qué manera de desperdiciar el tiempo!

2.-

Una compañía canadiense – Sysomos– dedicada al análisis del impacto las nuevas tecnologías ,y en especial, de las redes sociales, condujo un estudio cuya metodología es sumamente escrupulosa:  más de mil doscientos millones de mensajes, enviados en el mundo entre agosto y septiembre de 2009, fueron seguidos, atendiendo no al contenido de los tweets sino meramente a su trayectoria.

Descubrieron que siete de cada diez tweets se pierde en el astral hueco negro del olvido sin ningún tipo de reacción detectable. Del resto, sólo el seis por ciento obtiene un “retweet”. El 92% de esos retweets ocurre durante la primera hora. Al someter estas cifras a un estudio probabilístico, se arriba a un resultado sorprendente: ¡menos de uno de cada doscientos tweets es “retuiteado” una vez ha transcurrido esa primera hora!

Dicho de otro modo: una hora depués de que has enviado ese tweet cuya composición en sólo 140 palabras te ha hecho  sentir muy ingeniosos, tu mensajito – como dice la nota de “Wired”, ya es historia  antigua, menos que periódico de ayer.

Yendo más a lo profundo, los investigadores de Sysomos encontraron que el 85% de los mensajes que tienen respuesta obtienen una y solamente una. Sólo el 10.7 % obtiene dos respuestas y apenas el 1.53 % llega a suscitar tres comentarios sin llegar al “retweet”. De modo similar a los retweets, el 99.6% de las “@replys” ocurren  en la primera hora.

(La revista “Wired” incluye una muy instructiva animación sobre el inquietante fenómeno de los tweets que no llegan ninguna parte que puede leerse en  http://www.wired.com/epicenter/2010/10/its-not-just-you-71-percent-of-tweets-are-ignored)

Mucho más podría decirse, al parecer, sobre el papel atribuido a Facebook en muchas iniciativas sociales globales, pero ello no sólo no cabe en un tweet de 140 palabras y tampoco en las mil de un artículo en la revista “Zeta” que, ¡a Dios gracias!, sigue siendo un medio de papel donde apareció originalmente este artículo.



[i] [ /www.wired.com/epicenter/2010/10/its-not-just-you-71-percent-of-tweets-are-ignored.]