Jeff Goldberg  espera un ataque  israelí para la primavera de 2011, lanzado con o sin la aprobación expresa de Washington. Y ve muy difícil que, en tales circunstancias, Estados Unidos no sea arrastrado,  mal de su grado, a un conflicto de imprevisibles consecuencias para la relación Cuba-Venezuela.

1.-

La vasta Cofradía Twitter venezolana se regocijaba en vísperas de las elecciones parlamentarias con lo que entendían había sido un acto fallido, un lapsus acusador, un destello de senilidad extrema del Hombre Sin Superyo llamado  Fidel Castro cuando afirmó que el socialismo no funciona “ni siquiera para nosotros”.

Quizá pensaron que predicando entre conversos  y “retuiteando” entre ellos mismos, hasta la saturación, la frase que escapó del cerco de los dientes de Castro y de la que se desdijo rápidamente, bastaría para dañar aún más las perspectivas de Chávez y sus listas de candidatos en las elecciones de septiembre. No es posible ponderar el efecto neto que el frenesí “retuitero” pudo tener en los resultados del 26 se septiembre pasado, pero sí constatar, una vez más, una de las insufiencias de la “cultura” – llamarla cultura es desmesurado, lo sé, pero de algún modo hay que llamar al extravío –  del twitter: con un horizonte de 140 palabras no te enteras de nada.

No te enteras de nada porque, parafraseando a Saint-Exupéry, “lo esencial es invisible al tuitero”. Y lo esencial del caso no es que Castro haya incurrido en el despropósito recogido por el periodista estadounidense-israelí  Jeff

 Goldberg. Lo esencial viene con la pregunta : “ ¿ Porqué estaba  Jeff  Goldberg en La Habana en septiembre pasado?”

2.-

A Jeff Goldberg se le tiene, desde hace tiempo y por bien demostrados méritos, por el periodista/bloguero estadounidense mejor enterado y más influyente en materia israelí. Nacido en Brooklyn, Goldberg crió reputación en el “New Yorker” antes de pasar a “The Atlantic”. Durante la Primera Intifada palestina (1987-93), sirvió en el ejercito de Israel. A su regreso a los Estados Unidos retomó su carrera periodística. Hoy día vive en Washington.

En el número de septiembre de “The Atlantic”, Goldberg publicó un extenso y modélico reportaje titulado “The point of no return” –“El punto sin retorno”– que, como pocas piezas de periodismo impreso en los últimos años, conmovió a la “comunidad de inteligencia” ­ –  el eufemismo gringo para designar a las docena de agencias de espionaje de EUA – y, desde luego, a los colegas de Goldberg que recibieron el tubazo.

El reportaje, que recoge entrevistas con la plana mayor del alto gobierno israelí – y de su “comunidad  de inteligencia”– , con el mismísimo  primer ministro Benjamín Netanyahu, y también con sus pares estadounidenses,  obligó a la Casa  Blanca y al Departamento de Estado a descartar en declaraciones oficiales la afirmación central de Goldberg que, en rigor, no es una opinión personal sino un pronóstico muy bien sustentado. Lo que sigue es el sumario con el que la redacción de “The Atlantic” presentó el controversial trabajo de  prensa

3.-

“La perspectiva de un Irán nuclearizado es para la admimistración Obama una visión lúgubre porque representaría grandes retos a la seguridad nacional y desbarataría los sueños presidenciales de poner fin a la proliferación nuclear. Pero la perspectiva  desde Jerusalén es mucho más desesperada: un Irán nuclearizado representa, entre otras muchas cosas, una amenaza a la existencia misma de Israel como estado. En la brecha entre las respectivas visiones de Washington y Jerusalén se coloca la pregunta :¿Quién de los dos detendrá a Irán antes de que logre nuclearizarse y cómo?

Mientras Washington y Jerusalén se estudian intensamente la una a la otra, he aquí una mirada a los cálculos estratégicos de ambas partes. Y a cómo, si las cosas siguen en el curso actual, tendrá lugar un ataque aéreo israelí .”

4.-

De Fidel Castro se ha dicho todo lo que cabe en la cabeza de sus mejores detractores y  sus peores fans. Lo que no cabe decir es que Fidel toca de oídas: no hay líder latinoamericano, ya sea dictatorial o democrático, que en el último medio siglo haya “leído” con más atención y mejor provecho las políticas doméstica y exterior de los Estados Unidos.

Desde hace al menos dieciocho meses, Fidel Castro, ahora trocado en analista internacional que escribe artículos de fondo para la prensa online de su país, viene advirtiendo – con  su mejor prosa apocalíptica y “vargasviliana” – sobre la inminencia de un conflicto nuclear en el Medio Oriente y las cataclísmicas consecuencias que semejante Armagedón tendría para la Humanidad.

Es llamativa esta prédica antibélica, viniendo del hombre que hace casi cincuenta  años, en plena Guerra Fría,  instaba frenéticamente a los soviéticos a lanzar un ataque nuclear a territorio americano desde su pequeña isla.

Desde luego, al hablar de “consecuencias para la Humanidad”, Castro está atento primordialmente a las consecuencias para él, su hermano y, en último termino, su país y su régimen en estado ya, según parece,  irreversiblemente terminal.

En ocasiones sus artículos sobre el tema parecen haber sido dictados teniendo en mente a un único lector: un improbale lector venezolano, ciertamente. Ignorantón, arrogante y  botarate  que ha entablado relaciones, precisamente,  con Irán y se ha dado un lujo que ni Egipto,  para hablar sólo de país árabe vecino de Israel, antiguo adversario  en varias guerras, se ha permitido, ni aún en la peor noche de la sangrienta incursión a Gaza en 2008: expulsar sin contemplaciones a un embajador israelí.

Las alarmas de Castro ante la idea de un conflicto nuclear en Medio Oriente distraen de su precupación por el descomunal subsidio con el que el petroestado venezolano, su dócil aparato de repiración artificial,  brinda apoyo clínico a La Habana en lo que puede muy bien ser su crisis postrera.

¿Qué pensará Castro del bombástico anuncio de un reactor nuclear instalado en un país aliado de Irán en Suramérica?¿ Qué lecciones amargas alientan todavía en el recuerdo de las crisis de octubre del 62?

No es exagerado suponer que, al leer a Goldberg, Castro haya pensado leer a un intérprete, a un interlocutor de excepción reclutable para su apostolado desnuclearizador. Oficialmente, la invitación a La Habana partió de Castro. Considérese  que Goldberg no es precisamente un Oliver Stone embobecido con el Comandante.

Acometer una incursión aérea para destruir preventivamente la capacidad nuclear de un adversario no es para Israel, por cierto,   cosa nueva: lo ha hecho ya en dos ocasiones; contra Irak en 1981, y contra Siria, ene 2007.

Así pues, Goldberg espera un ataque  israelí para la primavera de 2011, lanzado con o sin la aprobación expresa de Washington. Y ve muy difícil que, en tales circunstancias – que ojalá Dios nos libre de ver–, Estados Unidos no sea arrastrado a un conflicto de mayúsculas  consecuencias.

Si condenar la locura de un conflicto nuclear en Medio Oriente – esto es: condenar a Irán en su desafiante empeño, condenar el antisemistimo negacionista del Holocausto y repudiar los muy verosímiles  planes bélicos de Israel – , significa estar con Fidel Castro, yo digo como el guajiro Guillermo Portabales: “que me pongan en la lista que estoy de acuerdo con él.”