Roberto Clemente, es cosa indiscutida, poseyó un brazo sencillamente  ultraterrreno que, combinado con su mercurial velocidad lo convirtieron en  el jardinero derecho más exitoso de todos los tiempos en eso de prevenir que un corredor llegase a la antesala en un sprint desde primera.

Hace pocas semanas fui invitado a integrar un panel radiofónico de escritores.

El tema no era el futuro de la narrativa venezolana, sino el béisbol – comenzaba apenas la actual temporada– y los misteriosos motivos que asisten  un mortal para hacerse fanático de esta o aquella divisa.

Mis “colegas” fueron Francisco Suniaga, Oscar Marcano y Alberto Barrera Tyyzska.  Aunque al finalizar el espacio sentí en mi fuero íntimo que no había estado yo a la altura del requerimiento, el caso es que el programa, moderado por el entrañable César Miguel Rondón, fue tan comentado  de modo tan halagüeño que Angel Alayón, el webmaster de la revista digital Prodavinci propuso repetir la expriencia en el contexto de la Feria del Libro patrocinada por la Alcadía de Baruta.

En ambas ocasiones compartí con el público – queriendo hacerme el simpático– que la única posición en la que alguna vez me desempeñé  en la pelota juvenil fue la del jardín derecho: esa Siberia donde envían a los maletas con dedos de mantequila.

La presunción subyacente es la de que la mayoría de los batazos se dirigen a la banda izquierda. Siendo así,  conté al público, fue patrullando la grama derecha donde nunca pasaba nada, mirando de lejos el superior desempeño de los más aptos, donde tuve en mi adolescencia mucho tiempo para pensar…en el béisbol y en otras muchas cosas.

Días después del encuentro en Baruta,  Alayón escribió a todos un gentil e-mail con comentarios la medida de cada cual. Lo que sigue  es la parte del email de Alayón que me atañe.

2.-

“Ibsen: Me pusiste a pensar como si estuviera jugando RF en La
Planicie. La verdad es que el jardín derecho es, durante la juventud,
el destino de los que no están predestinados a vivir del béisbol. Pero
quén sabe cuántos escritores y filósofos ha generado ese remanso de
paz que es el jardín derecho en las ligas infantiles. Curiosamente, ya
en el béisbol profesional, los RF deben tener cualidades y habilidades
superlativas, entre las que destaca un poderoso brazo. más
de un juego se decide en esas lides menores por un batazo atravesado
por esos lares. Pero ahora entiendo cuál es la explicación de los
desatinos: los que piensan no son buenos jardineros derechos.”

Prometí a Angel un comentario público sobre tan escolástico tema y para ello traigo a esta página dominical parte de algo que escribí hará un par de años a propósito de Roberto Clemente, el right fielder por excelencia y la biografía que de él escribió David Maraniss.

3.-

La excelencia defensiva en el béisbol de todos los tiempos es quizá la categoría que suscita más controversia estimativa entre legos y entendidos. La destreza defensiva puede en muchas ocasiones exagerarse.

Ejemplo de lo dicho lo ofrece el efecto neto que tiene el brazo de un right fielder al prevenir o no que un corredor llegue a la tercera almohadilla impulsado desde la inicial con un imparable.

Roberto Clemente, es cosa indiscutida, poseyó un brazo sencillamente  ultraterrreno que, combinado con su mercurial velocidad lo convirtieron en  el jardinero derecho más exitoso de todos los tiempos en eso de prevenir que un corredor llegase a la antesala en un sprint desde primera.

Se ha dicho también que Reggie Jackson fue el número uno en eso de “sacar” a un corredor goloso que “se  sobreextiende” queriendo llegar a tercera base desde primera con un sencillo. Se recuerda todavía un comercial de la cerveza Coors, transmitido por la tv estadounidense, en el que se afirmaba que el brazo de Willie Mays había puesto out a “centenares de corredores” en home plate en una misma temporada.

Bueno, el hecho escueto es que no son—no pueden ser— cientos de jugadores en una temporada. He aquí las razones de Bill James, el estadìgrafo por excelencia del beisbol moderno: “ Un equipo de grandes ligas promedio acepta  unos 1000 imparables por temporada—un poco menos en tiempos en que Clemente estuvo activo—. De ese millar de sencillos, unos 100 son infield hits.  De los restantes 900, unos 270 van al jardín izquierdo, unos 360 al jardín central y otros 270 al right field.

Así, el jardinero derecho de un equipo de grandes ligas debe “cortar” unos 270 hits en una temporada, y esto sólo si participa  en todos los partidos.  Pero muchos de esos sencillos—de hecho, la mayoría—ocurren sin  corredores en primera. De los 270 sencillos que cada temporada deberá cortar un right-fielder regular típico, sólo unos 100 ocurrirán con hombre en primera. Cien terceras bases alcanzadas  desde la primera cada año es una cifra descomunal, para no hablar de cien “sacadas” en tercera, lanzando desde lo profundo del right field. Por supuesto, hay otros factores, además del brazo del jardinero: la velocidad del corredor, el “brinco” que sepa dar y la contundencia del batazo.”[1]

Las estadísticas que registran el avance en las bases con hits y que discriminan dónde van esos batazos datan cosa de apenas los últimos tres lustros.

James resume como sigue lo que puede abstrarerse de ellas: “Los mejores jardineros derechos  permiten a un 35% de los corredores que parten de primera base alcanzar la tercera con un sencillo. Debemos suponer que Roberto Clemente era mejor que eso. Los peores right fielders permiten algo menos del 60%. La diferencia es de unas 25 terceras bases alcanzadas por temporada.”[2]

En su ranking de jardineros derechos , James coloca a Roberto Clemente en el 8º puesto, detrás de Babe Ruth  (a quien otorga la primacía), Hank Aaron, Frank Robinson, Mel Ott , Pete Rose, Tony Gwynn y Reggie Jackson.Detrás de Clemente,  la cauda incluye a Al Kaline, Dave Parker, Bobby Bonds, Dave Winfield, Reggie Smith, Dwigth Evans, Roger Maris, Rusty Staub, Harold Baines, Darryl Strawberry.

¿Latinos, además de Clemente?:  Felipe Alou, Tony Oliva, Sammy Sosa, Rubén Sierra, Danny Tartabull y Tony Armas ( ¡este último en el puesto 89 de un listado de 100!), entre otros caribeños, según James,  meros poetas menores de la antología.

¿Qué habría quedado para Angel Alayón y este servidor de haber perseverado en el béisbol?

[1] Bill James, The New Historical Baseball Abstract, The Free Press, New York, 2001.Página 793.

[2] Ibid.