En 1948, disertando en París ante el Collége  de Pataphysque, Jarry compendió lo esencial de la patafísica en una sola frase : “La patafísica es la ciencia que estudia las soluciones imaginarias”.

Las primeras cosas, primero: usted tiene derecho a preguntar :”¿qué rayos es la patafísica?”

La patafísica es una ciencia, amigo lector; quede claro eso, al menos. Su fundador, por así decirlo, fue el genial dramaturgo e insigne mamador de gallo francés, Alfred Jarry. Se trata del mismo autor de “Ubú, rey”; aunque no sé si eso le diga algo.

En 1948, disertando en París ante el Collége  de Pataphysque, Jarry compendió lo esencial de la patafísica en una sola frase : “La patafísica es la ciencia que estudia las soluciones imaginarias”.

Siempre que leo las transcripciones que se hacen de los discursos del Máximo Líder – no sólo no estoy en Twitter: ni siquiera tengo televisor en mi baticueva –, me da por pensar que Venezuela tiene en Chacumbeloski a un gran patafísico.

La mezquindad – ¡ay!- y el sectarismo, los más amargos entre todos los aborrecibles frutos de la polarización cainita que nos paraliza como nación, han impedido hasta ahora que se le haga justicia a Esteban de Jesús.

El reconocimento ha tenido siempre, siempre, ¡siempre! que venir del extranjero, “esa posteridad contemporánea”, como lo llamó Remy de Gourmont.  Considérese, sin buscar más lejos,  que Sean Penn  – Sean tiene un Oscar en su haber: eso debe decir algo – , Noam Chomski – profesor emérito en el MIT,mentor intelectual del lingüista criollo Roberto Hernández Montoya– , Ignacio Ramonet, Danny Glover, el desaparecido José Saramago – ¡he ahí, dicho sea de paso, un premio Nobel  de izquierda que mostrar a quienes dicen que se trata de un premio dotado por los escuálidos suecos! – ,Naomi Campbell, Oliver Stone – ¡ un tipo que ha ganado no uno, sino tres Oscar y cinco Globos de Oro! –,  Fidel Castro – muy leído columnista semanal del matutino habanero Granmay hasta el “Potro” Alvarez  han tenido que venir de ultramar  para llamarnos la atención y reclama respeto intelectual ante la mirada iluminadora que Hugo Chávez ha tendido las causas de los males del mundo actual   y, sobre todo, por la cojonudez de las soluciones que él solito, sin agarrarse del manubrio, ha concebido para abatir a los cuatro jinetes del apocalipsis capitalista que son, a saber: la pobreza, la inflación, el narcotráfico, la violencia de género, el recalientamiento global,  la escasez planetaria de agua potable, el deshielo de los casquetes polares, la pesca indiscriminada de ballenas, el trabajo esclavo infantil, la corrupción administrativa, las enfermedades de transmisión sexual, el lavado de capitales ilegítimos,  la ganaderia extensiva, la minería intensiva, los pesticidas, la matraca  trilateral del FMI,  el Banco Mundial y la OCDE, el neocolonialismo, el paramilitarismo, la exclusión social, el  consumismo, el neoimperialismo, el neoliberalismo, el blended scotch whiskey , María Corina Machado  y las empresas Polar.

Contando de nuevo,  echo de ver que no son ya cuatro los jinetes del apocalipsis capitalista, sino una verdadera “Cabalgata Gillette” de calamidades, derivadas todas de la apropiación de la plusvalía por un puñado  de plutócratas coños de su madre.

Antes de proseguir, me apresuro a borrar al “Potro” Alvarez de la nómina de extranjeros, donde inadvertidamente lo había puesto, pero ello no quita que sea uno de los peloteros criollos con mayor rotación laboral “ de por vida”, al haberse paseado, desde que lo botamos del Caracas, por  al menos cinco equipos muy menores de la Liga Profesional, incluyendo a los desternillantes Tiburones de La Guaira.  Una consideración no tiene, en efecto, nada que ver con la otra, pero hoy es domingo y mañana será lunes.

Invito al lector venezolano de oposición a deponer por un segundo toda  animadversión e intentar ver las cosas con criterio  un poco más gélido que el que anima las insidias que gente intolerante y majadera hace circular en Twitter.

Escribo “insidia” y “twitter” y pienso en Héctor Manrique. Escribo “intolerante” y pienso de nuevo en Héctor Manrique. Escribo “gente majadera” y pienso tres veces en Leonardo Padrón, en Nelson Bocaranda y en Héctor Manrique y me ofusco. Así que, en aras de comprender,  y sobre todo, juzgar con más tino lo que ha venido ocurriendo en Venezuela desde hace doce años,  apartaré de mi la tentación de denunciar a Bocaranda, Padrón y su paniaguado Willy Manrique como embaucadores al servicio del Departamento de Estado. Mientras yo la administre, esta página dominical no descenderá hasta la mendacidad y el vilipendio. Volvamos mejor a la patafísica.

“Ciencia de las soluciones imaginarias”, hemos dicho. Pues bien, ¿ cabe imaginar soluciones más imaginativas que las vertidas en las leyes que,  entre gallos y medianoche, durante la temporada decembrina, aprobó con prisa de notarios  la saliente Asamblea Nacional? Algo de lo que nunca podrá acusarse a la Jaula de las Focas saliente es de haber desbarrado como cuerpo deliberante: no elaboraron ellos las leyes que aprobaron según les llegaban,  con maquinal cadencia de martillo pilón: ¡todas fueron concebidas en la “sala situacional” por un sanedrín de Licurgos cuyo Werner von Karajan  es Chacumbelosky!

Desde luego, es concebible que algunos miembros notables del Consejo de Sabios Socialistas haya entrado en liza con Chacumbelosky, pero ello no ha sido más que deseo de emulación, natural en todo revolucionario que se precie.

Ello explica porqué abunda quien, tras intentar leer el posmoderno galimatías coagulado en los artículos de la vetada Ley de Educación Universitaria, piense que el profesor Rigoberto Lanz, trascendental patafísico entre los savants patafísicos que brindan apoyo a la Revolución Bolivariana, haya hecho significativos aportes al texto legal que dio pie a la movilización de los estudiantes y la casi totalidad del mundo académico.

La Ley de Gestión Integral de la Basura  es otro esplendente amasijo de soluciones patafísicas, concebido en medio de la que quizá sea la capital más inmunda de Latinoamérica.

Sigue en vigor, desde luego,  la Ley Habilitante, cuyas autoritaristas provisiones no son nada imaginarias.  A esto no tengo nade qué decir, aunque luego de ver al desternillante declamador Fernando Soto Rojas, me da por pensar que la mayoría demócrata venezolana tiene ante sí dos años llenos de posibilidades.