Hace unas semanas, en Bogotá, me sentaron en un panel junto a Guillermo Perry y Mauricio Reina, dos distinguidos  economistas colombianos.

Originalmente formado como ingeniero, Perry se hizo luego economista y se doctoró en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Antes de llegar a ser, sucesivamente,  Ministro de Hacienda y Crédito Público y Ministro de Minas y Energía de su país, ya había sido  Director Nacional de Impuestos, Director Adjunto del Departamento Nacional de Planeación y del Consejo Nacional de Políticas Económicas. ¡Ah!,  también senador y miembro de la Asamblea Constitucional que en 1991 dio a Colombia su actual constitución. Ha sido, además,  coautor desde mucho antes de ser designado  Economista Jefe de la región de América Latina y del Caribe del Banco Mundial.

El otro invitado era un economista no menos talentoso y competente, un ave rara donde las haya: Mauricio Reina, ex viceministro  de Comercio Reina que escribe reseñas cinematográficas para el matutino El Tiempo de Bogotá. Usted puede acceder a sus reflexiones sobre cine en la publicación online www.ochoymedio.info.

El título del coloquio   era: “ Petróleo en Colombia: ¿El Modelo Noruego o el Nigeriano?” El encuentro formaba parte del festival que cada año organiza en Bogotá la revista “El Malpensante”.

“El hallazgo de yacimientos y el establecimiento en firme de una industria petrolera promete prosperidad – rezaba el texto de la invitación –; sin embargo, esta puede ser ilusoria y desembocar,   más adelante, en una pobreza tan inexplicable como frustrante. Ingresos nunca antes vistos en manos demasiadas veces vistas.[ Las itálicas son mías. I.M.] ¿Con qué ideas económicas, culturales y políticas recibe Colombia la llegada del petróleo? Grosso modo, hay dos modelos. ¿Cómo se hace para escoger el bueno?”

De modo que mis lectores tienen mucha razón al preguntarse qué rayos podía estar haciendo allí un escribidor a destajo como yo.   ¿De qué podría discurrir sobre un tema tan “de tejas arriba” con semejantes notabilidades? ¿Qué consejo podría dar?

2.-

En el primer trimestre de 2010, un período soprendente por los halagueños índices de crecimiento que mostraron Brasil y Perú ( 9% y  6 %, respectivamente), aun en medio de una crisis global, Colombia creció un 4,4 por ciento, contrariando pronósticos que no pasaban del 2,5 por ciento. A pesar de que las exportaciones a Venezuela, su segundo destino histórico,   habían caído ya un 71 por ciento hace dos meses, solamente las ventas colombianas China han crecido un 362 por ciento y un 91 por ciento las destinadas a Brasil.

Los mejores indicadores colombianos actuales son, como se sabe, los del sector hidrocarburos. Se calcula que Colombia cerrará este año con una producción de 800 mb/d – en 2009 fue de 670 mb/d–  y, según Hernán Martínez, el saliente ministro de Minas, para 2011 se espera que llegue al millón de barriles diarios.

Estimaciones formuladas por Armando Zamora, director de la Agencia Nacional de Hidrocarburos, colocan el 40 por ciento de la inversión extranjera en el vecino país solamente en sector petrolero el cual representa el 7% del PIB colombiano. La inversión en petróleos sobrepasa ya históricos 3.890 millones de dólares.  Todo esto mientras el superministro de petróleos venezolano y presidente de Pdvsa, Rafael Ramírez, reporta un desplome del 53% en la ganancia del estado.

Hondamente preocupados por lo que esta bonanza en puertas puede significar, mis compañeros de mesa discurrieron  largamente, con facundia y conocimiento, sobre el desempleo y la pobreza que agobia todavía al 40 por ciento de los colombianos, sobre la sostenibilidad fiscal, la reforma del régimen de regalías y muchos otros temas afines.

Escucharlos, dejaba ver el sentido de anticipación y el consenso que hay en una francción signficativa de las élites intelectuales y políticas colombianas en torno a lo que conviene hacer. Las ideas allí expuestas dan para una extensa nota, pero hoy sólo quiero poner de bulto una impresión, compartida con otros venezolanos allí presentes.

Mi papel en aquel coloquio se limitó al de testigo de cargo de cómo los petroestados populistas, autoritarios, estatizantes, colectivistas  y tiránicos  como el nuestro, castigan a sus ciudadanos, empobreciéndoles y coartando sus libertades individuales y económicas. Oyendo a Perry y Reina, pensé en cierto momento en lo que dijo de Venezuela uno de los primeros scouts de las petroleras, allá por  1908, hace más de cien años : “ Hay aquí mucho petróleo, ciertamente. Y un dictador bárbaro, rodeado de coroneles y abogados con ideas generales sobre el mundo”.

“ Colombia tiene petróleo y va camino a ser un país petrolero – me dijo, luego, un prominente miembro de la diáspora petrolera venezolana que hoy hace su aporte al boom colombiano –, pero no está condenada a ser un petroestado”.

En efecto, además de petróleo, hay en Colombia hombes de ideas e instituciones para llevarlas adelante.  Y un clima de libertades democráticas que hace  posible el debate sobre qué hacer con una súbita riqueza.