Un domingo, a fines de marzo de 1989,  Moisés Naím, por entonces el joven Ministro de Fomento ( Desarrollo) en el gabinete del segundo período presidencial de Carlos Andrés Pérez,  invitó a un grupo de amigos a un almuerzo en su casa de Caracas.

Justo un mes antes, cuando el nuevo gobierno aún no cumplía tres semanas en funciones, habían estallado los motines callejeros y saqueos conocidos desde entonces como “el caracazo” y que duraron casi tres días con sus noches.   La cifra de muertos, como en casi todo episodio de anomia destructiva en nuestras grandes ciudades, nunca podrá saberse con certeza.

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