A nadie le gusta ser entrevistado y, sin embargo, nadie se niega a ello porque los entrevistadores son educados y de modales gentiles, hasta  cuando salen en plan de destruir. No doy a entender con esto que  siempre salen  a destruir intencionalmente ni que, sólo luego de haber destruido, cobran conciencia de ello. No; creo más bien que su actitud es la del ciclón que sale con el cortés propósito de refrescar una villa sofocada por el calor, sin percatarse luego de que le ha hecho de todo menos un favor.

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