A Juan Villoro
Un hombre entabla conversación con el barman de un hotel en México, D.F., mientras hace notas sobre los libretos de una telenovela.
Los ha puesto sobre la barra y los lee con la mitad de su atención. A ratos subraya una palabra, a ratos traza redondeles. En la conversación toma para sí el papel de quien siente gratitud por una ciudad que dice conocer muy bien pero que, en realidad, visita por primera vez.
Cuando al fin llega la pregunta: “¿Y a qué se dedica el señor?”, responde que ha venido a matar “una porción de pinches viejas”. Suena rencoroso y remeda deliberada y pendencieramente mal el acento local. El barman sonríe entonces una sonrisa de “Éste ya se puso hasta la madre” y se aparta de él sin aspereza.
Continuar leyendo »