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	<title>IBSEN Martínez</title>
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		<title>La Novia del Gigante</title>
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		<pubDate>Fri, 11 May 2012 15:04:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ibsen Martínez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Desde que perdió a su marido, oficial del ejército italiano muerto en acción en el curso de la Primera Guerra Mundial, y condecorado póstumamente por sus virtudes guerreras , la señora Lidia Montalcini no ha vuelto a casarse. En su Florencia natal, la señora Montalcini goza de la estima de sus conciudadanos  que aprecian la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ibsenmartinez.com/archives/1740/la-novia-del-gigante-3-1" rel="attachment wp-att-1742"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-1742" title="la-novia-del-gigante-3 (1)" src="http://ibsenmartinez.com/wp-content/uploads/2012/05/la-novia-del-gigante-3-1-110x110.jpg" alt="" width="110" height="110" /></a>Desde que perdió a su marido, oficial del ejército italiano muerto en acción en el curso de la Primera Guerra Mundial, y condecorado póstumamente por sus virtudes guerreras , la señora Lidia Montalcini no ha vuelto a casarse.<span id="more-1740"></span></p>
<p>En su Florencia natal, la señora Montalcini goza de la estima de sus conciudadanos  que aprecian la dedicación con que, semana a semana, ilustra a los turistas que acuden a admirar la estatua del David de Miguel Ángel Buonarrotti. Hablo del David que, desde hace cuatro siglos  ha pasmado a las legiones de visitantes que acuden a admirarlo.</p>
<p>La imponente escultura de casi seis metros ( 5m, 76 cts, para ser exactos) le tomó al gran renacentista sus buenos cuatro años  de trabajo. Sus dimensiones y perfección le han granjeado el que se le tenga por una de las esculturas más sobrecogedoras de todos los tiempos.</p>
<p>No aburriré al lector  ponderando las razones de ese universal consenso: hablo del David de Miguel Angel y basta echarle un vistazo  a un libro ilustrado para caer bajo su hechizo, así sea a distancia, así no esté uno de pie ante su pedestal mirando hacia arriba, boquiabierto. Actualmente el David<em> </em>puede admirarse en la Galería de la Academia, en Florencia,   aunque hasta 1910,  estuvo expuesta en la Plaza de la Señoría de Florencia. La que se exhibe hoy día, en obsequio de las palomas y de los viandantes, es una réplica del original, hecha también en mármol.</p>
<p>La señora Montalicini desapareció repentinamente, sin dejar rastros, en algún momento de 1938. Conjeturar las circunstancias  que pudieron llevar a su infausta desaparición es apenas una parte de los muchos y muy valiosos elementos que sostienen el cautivador argumento de <em>La novia del gigante, </em>la extraordinaria pieza  teatral escrita, producida y dirigida por Luigi Sciamanna y que este fin de semana se presenta en la sala de usos múltiples del Teatro Trasnocho, en el C.C. Paseo Las Mercedes.</p>
<p>Si usted vio <em>Reverón</em>, el film de Diego Rísquez, recordará con entusiasmo el notable trabajo actoral que hizo de Luigi Sciamanna la indiscutible figuración que, de ahora en adelante, todos los venezolanos tendremos del gran pintor de Macuto.  Pues bien, Luigi también escribe teatro y <em>La novia del gigante</em> es una de sus muy elaboradas piezas, llenas de ideas inquietantes, que he tenido el gusto de leer.</p>
<p>Muchas de ellas se ocupan de la Italia de sus antepasados, y más precisamente, del trecho de historia es que se hizo posible el surgimiento de la barbarie fascista en una de las nacines más cultas del orbe. Pero volvamos a la <em>signora</em> Montalcini.</p>
<p>Los florentinos de su tiempo apreciaban la labor de la señora Montalcini – su vasta erudición sobre el arte renancentista, la fervorosa facundia con que podía discurrir en torno a Miguel Ángel y su prodigiosa creación escultórica –, y por ello dieron en llamarla cariñosamente <em>la novia del gigante, </em>tal era el amoroso empeño que Lidia ponía en compartir sus saberes sobre esta estatua, orgullo entre los orgullos de Florencia.</p>
<p>Desde tiempos muy anteriores a la unificación italiana como nación, concretada en el último tercio del s. XIX, el David era considerado un símbolo de la insumisión florentina ante la derrocada tirania de los Médici y, más tarde, ante las pretensiones de los Estados Pontificios. No es improbable que este tema, el de la insumisión florentina, frecuentase el discurso de la señora Montalcini.</p>
<p>Todo discurría sin tropiezos para Lidia, mujer de rutinas frugales que, de vez en cuando, horneaba deliciosas galletas con las que, al comenzar la obra,  se regalan una tarde el profesor Innocenti ( Elio Pietrini), el carenal Dalla Chiesa ( Armando Cabrera) y el comandante fascista Talo ( Antonio Delli).</p>
<p>El tema de su conversación, abordado con gentileza de salón por el fanático oficial fascista, soberbiamente encarnado por Delli, es la conveniencia de apartar a la señora Montalcini de sus deberes mientras dure la inminente visita de estado a Italia del líder alemán,  Aldolf Hitler. Sucede que la señora Montalcini es judía y se avecina la aprobación de la rèplica italiana a als infames leyes raciales de Nuremeberg.</p>
<p>La pieza de Sciamanna, que comienza como una donoso diálogo de ideas encontradas, muy pronto se convierte en una apasiosante alegoría del modo en que una democracia, otrora tolerante y abierta, puede sucumbir sin remedio a los designios totalitarios de una minoría tiránica.</p>
<p>El rejuego de posiciones en torno a tan arbitraria medida, ante la cual el cardenal Dallachiesa y el profesor  Innocenti (emblema del “bienpensante” liberal), no atinan nunca con el modo de impedirla, da cuerpo a una originalísima fábula sobre la aquiescencia, el peor pecado de los demócratas frente a una amenaza dictatorial. Muchos de sus diálogos despiertan nerviosas reacciones en el público caraqueño.</p>
<p>Descuellan las actuaciones de la guapa María Fernanda Ferro, conmovedora  dueña de sus recursos, y la brillante corporización de un fanático  ilustrado que nos brinda Antonio Delli, sin duda uno de los actores más  carismáticos de la escena actual. El versátil Gerardo Soto y el promisorio Juan Carlos Martínez completan el astuto elenco convocado por Sciamanna.</p>
<p>La misteriosa desparición de la voluntariosa patriota italiana cuyo delito mayor fue profesar la fe judía con seguridad brindará momentos de reflexión al expetcador de fin de semana. La brillante ejecución de <em>La novia del gigante </em> perdudará entre lo mejor de un muy señalado año teatral.</p>
<p>Ibsen Martínez está en @ibsenM</p>
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		<title>Héroes los del Olimpo</title>
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		<pubDate>Fri, 04 May 2012 22:08:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ibsen Martínez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Al fin contamos con correspondencia privada de Manuelita Sáenz en la que se queja de la insuficiencia amatoria de quien, con filosófico desdén de cortesana, la &#8220;Libertadora del Libertador&#8221; llama “ el hombrecito”. Entre las insufribles idioteces de la izquierda latinoamericana está eso de la obra inconclusa que dejan atrás todos sus “mártires”. ¿Cuándo  se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-family: Georgia, serif;"><a href="http://ibsenmartinez.com/archives/1726/manuela_saenz" rel="attachment wp-att-1730"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-1730" title="Manuela_Sáenz" src="http://ibsenmartinez.com/wp-content/uploads/2012/05/Manuela_Sáenz-110x110.jpg" alt="" width="110" height="110" /></a>Al fin c</span>ontamos con correspondencia privada de Manuelita Sáenz en la que se queja de la insuficiencia amatoria de quien, con filosófico desdén de cortesana, la &#8220;Libertadora del Libertador&#8221; llama “ el hombrecito”.<span id="more-1726"></span></p>
<p>Entre las insufribles idioteces de la izquierda latinoamericana está eso de la obra inconclusa que dejan atrás todos sus “mártires”.</p>
<p>¿Cuándo  se escribirá el ensayo que ilumine el mecanismo intelectual de la necrofilia izquierdista? Mientras llega el Enrique Krauze o el Fernando Iwasaki que se ocupe de porqué la imaginería ñángara y “progresista” está hecha del cadáver embalsamado y portátil de Eva Perón, o de las mutiladas manos asesinas del Ché Guevara, el más pernicioso de los  idiotas latinoamericanos, he aquí el modesto aporte de unas cuantas observaciones disyuntas.</p>
<p>Usted habrá notado que, desde Bolívar para acá, los revolucionarios siembran a su paso el caos, la destrucción, el desempleo, la inflación, el desabastecimiento y, en general,   la disfunción y, que cuando se mueren ( o los matan), casi siempre sin haber hecho realidad sus designios, dejan como legado a sus seguidores el mandato de “continuar la obra”; es decir, continuar sembrando el caos y la destrucción, la inflación, el desabastecimiento, el desempleo, la fuga de capitales  y la disfunción generalizada.</p>
<p>Eso es lo que para mí encierra la pinta chavista que acabo de ver: “Bolívar vive, la lucha continúa”. Entre las muchas preguntas que me hago está la siguiente: ¿Porqué el buen izquierdista  latinoamericano elige invariablemente como mentores de sus actos a personajes históricos ostensiblemente fracasados, a gente sistemáticamente derrotada por sus propias alucinaciones? Por gente, para colmo,  que nunca terminaba lo que comenzaba. El caso más resplandeciente es el de Simón</p>
<p>Aquel neurótico titanista insufrible  llegó a serlo todo en vida: jacobino comecuras en su juventud y, a la hora de morir, dictador cesarista y fundador del peor militarismo suramericano.</p>
<p>Entre uno y otro término decretó la Guerra a Muerte ( que le estalló en las manos), ordenó fusilar y degollar prisioneros de guerra en La Guaira, dictó el genocidio de los pastusos realistas, hizo y deshizo con las arcas de la Gran Colombia, se hizo llevar a la hamaca a cuanta chamita despertara su concupiscencia; en fin&#8230; ¡Y todo lo que comenzó lo dejó descontento! “He arado en el mar”, lloriqueaba antes de morir, dejándonos encendido  el televisor sintonizado en el canal de la bancarrota y las guerras civiles.</p>
<p>¡ Todo lo hizo a medias!, de manera que ahora  Nicolás Maduro o Diosdado Cabello tendrá que continuar los trabajos de demolición, iniciados por Bolívar inmediatamente después del terremoto de 1812 y retomados en 1999 por Hugo Chávez quien,  Dios me  perdone el vaticinio, tendrá fatalmente que dejarla a su vez inconclusa. ¿Que clase de héroe puede ser un tipo como Bolívar?</p>
<p>Para irnos entendiendo: tratándose de héroes,  sostengo que Hércules sí fue un superhéroe digno de fervor universal e imperecedero.  Hércules <em>sí <span style="text-decoration: underline;">hacía</span></em> su trabajo; Hércules completó cada una de las tareas que le fueron requeridas y no dejó nada inconcluso con qué joder la paciencia de los mortales. Hércules <em>forever</em>. Pero, ¿Simón Bolívar? ¡Por favor! Bolívar fue el campeón del “nos jodimos, caballeros: volvamos a empezar”.</p>
<p>En 1813 hizo la Campaña “Admirable” en poco más de cien días, cómo no,  pero cada población que “liberaba”, desde Trujillo hasta Antímano, caía inmediatamente en manos realistas tan pronto Bolívar proseguía el “avance” hacia su amada Caracas. Al año siguiente los llaneros de Boves le dieron una paliza y lo obligaron a  desalojar Caracas y ponerse a la cabeza de la emigración a oriente.</p>
<p>No paró la carrera hasta llegar ¡a Carúpano! donde, para colmo, Bermúdez, presa de un arrecherón muy propio de la derrota huérfana, lo persiguió por la playa con un machete en la mano   y serias intenciones de darle una pasada de planazos. Que se sepa, Bolívar no plantó cara y, en cambio,  se fugó, como era su costumbre a  una islita del Caribe anglófono o francófono, eso no lo tengo muy claro.</p>
<p>Si no me cree, escandalizada señora amiga mía, échele un vistazo  a la biografía de Bolívar según el historiador británico John Lynch, aunque mejor, más sabrosa,  es la Salvador de Madariaga; un libro a la vez chismorreico y veraz.</p>
<p>Y ya que estamos en esto de héroes chambones, de maestros de la obra inconclusa, no sé terminar esta bagatela de fin de semana sin referirme a una de las supercherías más dañinas y descaminadores que haya diseminado el culto a Bolívar: la de que era un amante tan vigoroso e incansable que ríete del Viagra.</p>
<p>Gracias a la labor de Paula Andrea Henao Restrepo, historiadora antioqueña especialista en  Historiografía de Género, adscrita a la Facultad de Historia Sudamericana de la Universiad de la Sorbona, en su sede de París X (Nanterre.), hoy contamos con correspondencia privada de Manuelita Sáenz en la que se queja a una amiga de la insuficiencia amatoria de quien, con filosófico desdén de cortesana, Manuelita llama “ el hombrecito”.</p>
<p>Los detalles son tan lastimosos como es grande el sarcasmo de que hace gala la tremenda Manuelita cuando cuenta los rituales de alcoba de Bolívar – las infusiones, las fricciones, los masajitos, los esfuerzos de concentración, los resoplidos, etc – “total para un ratico”, dice con desconsuelo la Libertadora del Libertador.</p>
<p>Al parecer, el Libertador, puesto en trance amatorio, también fue hombre de tareas inconclusas. “ El frenesí le dura lo que casabe en caldo”, afirma Manuelita con salaz expresión.</p>
<p>Pero mejor lo dejamos aquí: este matutino es leído por niños, niñas y adolescentes.</p>
<p>Ibsen Martínez está en @ibsenM</p>
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		<title>Con Guzmán Blanco vivíamos mejor</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Apr 2012 12:43:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ibsen Martínez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Viendo mejor las cosas, debí escribir más bien: “Guzmán Blanco vivía mejor”.  ¿Comparado con quién?, preguntará usted, y la respuesta resplandece por lo obvia: Antonio Guzmán Blanco, arquetipo de dictador  latinoamericano,  vivía, y en general, hacía todo lo que cuadra a un autócrata, pero no era  un desalmado. Y todo, absolutamente todo  le salía muchísimo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ibsenmartinez.com/wp-content/uploads/2012/04/Guzmán_Blanco_1895.jpg"><img class="alignleft  wp-image-1716" title="Guzmán_Blanco,_1895" src="http://ibsenmartinez.com/wp-content/uploads/2012/04/Guzmán_Blanco_1895-199x300.jpg" alt="" width="119" height="180" /></a>Viendo mejor las cosas, debí escribir más bien: “Guzmán Blanco vivía mejor”.  ¿Comparado con quién?, preguntará usted, y la respuesta resplandece por lo obvia: Antonio Guzmán Blanco, arquetipo de dictador  latinoamericano,  vivía, y en general, hacía todo lo que cuadra a un autócrata, pero no era  un desalmado.<br />
Y todo, absolutamente todo  le salía muchísimo mejor que a Hugo Chávez, por mencionar a un aspirante al título de presidente vitalicio.  Rato largo mejor.</p>
<p><span id="more-1715"></span></p>
<p>Para empezar, consideremos sólo una de las propensiones que Guzmán Blanco y Chávez tienen en común: la de querer vivir en el extranjero el mayor tiempo posible, lejos de esta “equivocación de la Historia”, como Pío Miranda  solía llamar a Venezuela.</p>
<p>( Conviene no confundir a Pío con Francisco de Miranda, otro charlatán fracasado,   quién sabe si pariente lejano del comunista valenciano, y a quien, llegado el momento, llegó a costarle la vida el haber condescendido a rodearse de gente tan amiga del bochinche y del salto de talanquera como era la panda de  “grandes devoradores de serpientes”, Simón Bolívar a la cabeza,  que en 1812 lo entregaron a las autoridades españolas a cambio de un salvoconducto.)  Pero volvamos a nuestro breve <em>esquisse</em> comparativo entre Guzmán Blanco y el  Sarcoma Andante.</p>
<p>Una elocuente diferencia  la hallamos en el desprecio que Guzmán Blanco ( en lo sucesivo, simplemente Guzmán, a secas) sentía por el país natal al que, en su correspondencia íntima, llegó a describir muy atinadamente como “principado de la pequeñez”.</p>
<p>A Guzmán  sencillamente no le gustaba vivir en este chiribital anegadizo,  habitado por balurdos vociferantes e igualados que llamamos Venezuela, y lo admitía sin melindres,  al punto de cerrar periódicamente el megarrancho que algún adulante le regaló  ¡en Antímano, hágame usted el favor!  para   mudarse a un palacio construído en el siglo XVIII en Auteuil-Neully-Passy, París 16, el mismo barrio de Moilère, Victor Hugo y Marcel Proust. A <em><span style="text-decoration: underline;">pata e’ mingo</span></em> del Bosque de Boloña.  “Venezuela es para hacerse rico y vivir en París”, dicen que  dijo alguna vez, todavía chamo, con polainas y en campaña guerrera en la Sierra de Coro</p>
<p>En cambio, a Chávez, no sin razón bautizado por Laureano Márquez con un indiferenciado “Esteban”,  le es igual vivir en una alcabala de la Guardia Nacional  en Los Corozos, en las riberas del Arauca, en un cambuche de las Farc, en ese engendro pretendidamente neoclásico que llaman Miraflores o en una “casa protocolar” en La Habana, rodeado de esbirros del G-2 en guayabera.</p>
<p>La imagen del G-2 husmeándolo todo conduce descansadamente a otra diferencia abismal entre Guzmán y Esteban y es que el Autócrata Civilizador gustaba de hacer pausas en el agotador tráfago de la vida oficial y suspender las funciones de gobierno para retirarse a los placeres de la vida íntima. A disfrutar del convivio familiar o  de la tertulia entre amigos cultos y ocurrentes. Le gustaba alternar, relajadamente y  en un ambiente <em>très</em> <em>détendu</em>, <em> </em> con los caballeros franceses, elegantísimos capitanes de industria  con quienes solía hablar de negocios.</p>
<p>No por ello dejó de ocuparse de  dictar el Decreto de Instrucción Pública, erigir el Palacio Federal Legistativo, dotar de acueductos y cloacas a la ciudad de Caracas,  inaugurar el Teatro Municipal ni mucho menos de instaurar  un razonable estado seglar con ferrocarriles, moneda de curso legal, timbres fiscales   y sistema de aduanas donde antes no hubo sino monte, culebra y matazón de gente.</p>
<p>Y todo hecho con   la mayor <em>souplesse</em>, entre un polvito querendón con alguna rubia <em>cocotte</em> parisina – o con su cuñada, como es fama inverificable: Guzmán Blanco, el de  la bragueta cordial – y un <em>canard à la solognote</em>,<em> </em>convenientemente rociado  con un <em>Lamy-Pillot</em> cosecha de 1867, el borgoña favorito de Napoleón III, en almuerzo tertuliante con el pana francés que le pasó senda comisión por el tendido del telégrafo. Todo conducido sin vociferaciones ni balcones del pueblo ni malas palabras.</p>
<p>Esteban, en cambio, no sabe estar solo. Para él la vida debe parecerse a la batalla de Araure pintada por Tito Salas: un atajaperros de lanzazos, mentadas de madre  y tiros a quemarropa.  Se burlaba Quevedo de Lope de Vega diciendo que éste no sabía  vivir “si no es en multitud y a gritos, como sus comedias”. Tal destino, al parecer, nimba al Caudillo de Sabaneta al punto de hacer inimaginables los sufrimientos morales que al Héore del Museo Militar le impone el secuestro de que es víctima a manos de la banda de los hermanos Castro. No hay Twitter, ese miserable y triste consuelo de 140 caracteres,  que mitigue la pena de no poder ya infligirnos, durante nueve horas,  una cadena de dicharacheras consignas con la regularidad acostumbrada.</p>
<p>Guzmán fue un dictador, cómo no, pero alcanzó todo lo que se propuso, acaso porque se proponía cosas perfectamente razonables y hacederas: un modetso pero funcional srviciotelefónico entre Caracas y La Guaira, por ejemplo. No fue nunca un líder continental de patio de bolas, como Esteban. No se le quedó en el tintero ningún Gran Gasducto Guayana-Cochabamba-Patagonia ni lo cegaban supercherías propias de comunista de pueblo, como esa de que un hospital cubano es mejor que el Anderson Cancer Center de Houston.</p>
<p>Si a Guzmán le daba por cambiarse  de barrio, no se andaba con pendejadas: se mudaba de un solo coñazo a París; no a Guanabacoa. Guzmán fue hombre de muy superior musculatura moral, comparada con la de Esteban. Si lo atacaba la nostalgia, tendía un cable submarino transatlántico desde Le Havre hasta Carúpano y se  enlazaba con el sistema nacional de telegrafía para preguntar como estaban por la casa <em> </em> y, de paso, darle instrucciones al  bueno-para-nada de Linares Alcántara.</p>
<p>¡Pero ni de vaina se le ocurría venirse desde Francia a que lo asaltaran y le pegaran un tiro en la cabeza para quitarle la carroza !</p>
<p>Cuando, luego de una larga vida – en esto tampoco lo ha de superar Esteban -,  llegó el momento de entregar la careta y las chingalas,  Guzmán arregló sus cosas, privadamente,  sin lloriqueos en público, y le importó un carajo la posteridad ni quién  pudiese sucederlo. A él, que le quitaran lo bailado.</p>
<p>Murió inmensamente rico, realizado, harto como San Lucas y en París. Sin aguacero.</p>
<p>Ibsen Martínez está en @ibsenM</p>
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		<title>La Pandilla Salvaje y Nosotros</title>
		<link>http://ibsenmartinez.com/archives/1711</link>
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		<pubDate>Fri, 20 Apr 2012 13:03:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ibsen Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[Para todo fin práctico, Hugo Chávez ha sido secuestrado. Secuestrado por  su enfermedad, de cuya gravedad sólo sabemos lo que Elías Jaua  o el inefable doctor Marquina, nos piden que creamos.   Y secuestrado, a su vez,  por una peligrosa y desesperada banda de facinerosos cubano-venezolanos. La banda de secuestradores, comandada por los hermanos Castro,  se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ibsenmartinez.com/wp-content/uploads/2012/04/the-wild-bunch.jpg"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-1712" title="the wild bunch" src="http://ibsenmartinez.com/wp-content/uploads/2012/04/the-wild-bunch-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a>Para todo fin práctico, Hugo Chávez ha sido secuestrado.</p>
<p>Secuestrado por  su enfermedad, de cuya gravedad sólo sabemos lo que Elías Jaua  o el inefable doctor Marquina, nos piden que creamos.   Y secuestrado, a su vez,  por una peligrosa y desesperada banda de facinerosos cubano-venezolanos.<span id="more-1711"></span></p>
<p>La banda de secuestradores, comandada por los hermanos Castro,  se había venido doblando, según el problema que afrontase, en estrategas electorales o en jefes militares de una fuerza de ocupación.  Últimamente prevalece en estos últimos  un protervo instinto que aconseja impedir que en Venezuela se lleven a cabo elecciones presidenciales en octubre de este año.</p>
<p>La situación se presenta como ideal para realizar un sueño largamente acariciado por el mayor de los hermanos Castro: ponerle la mano al petróleo de  Venezuela, lo que en el caso de Fidel, significa echarnos la garra de una dictadura despiadada y hacerlo para siempre jamás.</p>
<p>El anhelo de sojuzgarnos trató de realizarse por primera vez en 1959, cuando corrimos con la buena suerte de que el único hombre que en toda Latinoamérica no había caído bajo el hechizo del barbudo que bajó de la sierra era, justamente,  presidente de Venezuela: Rómulo Betancourt.</p>
<p>En aquel entonces salimos bien librados porque Betancourt le dio un oportuno “parao” al jefe de los secuestradores.  Pocos años más tarde, convertido ya en el máximo líder del primer país comunista del continente (y satélite de la antigua Unión Soviética), Fidel Castro se puso al frente de un sistemático asalto a mano armada a escala continental que cobró la forma de románticas y sangrientas  “guerras de liberación nacional”. En esto no hacía más que darle carácter de cruzada interamericana a lo que en su juventud no había sido más que compulsión de pandillero gatillo alegre.  Todas las guerrillas comunistas  que Castro alentó y financió por aquellos años sesenta fueron también rotunda y sistemáticamente derrotadas, notablemente la guerrilla venezolana.</p>
<p>La proverbial avidez de Fidel Castro por el poder total es proteica: sabe cambiar de forma y de estrategia. En el Chile de Allende su estrategia fue “colonizar”, en el sentido en que un virus maligno coloniza un organismo, el turbulento proceso político de otro país. Las cosas no salieron como el secuestrador mayor imaginaba, pero la idea de colonizar insidiosamente un país, en lugar de rendirlo por la vía de las armas, se incorporó para siempre a su menú de estrategias.</p>
<p>Hoy Venezuela es, de nuevo, objeto de las ambiciones del ya senecto pandillero y  es el terreno donde se despliega, esta vez con mucho mayor éxito,  la estrategia colonizadora. Para ser justos, si Venezuela es un rehén de los hermanos Castro – junto con su presidente, sus fuerzas armadas y sus instituciones –,  ha sido más por obra de un golpe de suerte que fruto de la ingeniosidad y la diligencia de los hermanos Castro.</p>
<p>Pero ahorrémonos el relato de los errores que nos han traído hasta aquí. El hecho escueto es que Chávez, el providencial  subcomandante Chávez,  es hoy la doble víctima del cáncer y de una de las más desternillantes y  letales surpercherías del siglo XX latinoamericano:  el mito de la medicina cubana. La superstición de que en Cuba puedan tener el Bálsamo de Fierabrás que todo lo cura, sumada a la paranoia que embarga y paraliza el juicio de los tiranos, ha puesto a Chávez en manos de sus  secuestradores.  Y con él, a todos nosotros. Usted y yo, amigo lector.</p>
<p>La pandilla salvaje preside una mostrenca federación cubano-venezolana que se ramifica por todas las instituciones de nuestro país. El revulsivo testimonio de un estulto general, exmagistrado analfabeta, envilecido cacaseno al servicio de un cartel de generales narcotraficantes venezolanos, no deja lugar a dudas de cuán lejos están dispuestos a llegar  los secuestradores habaneros y sus cómplices locales.</p>
<p>Es sabido que seres como Fidel Castro  se desenvuelven con intuitiva eficacia al borde de los abismos. Es una virtud que los politólogos gringos (los gringos tienen un nombre para todo) llaman <em>brinkmanship. </em> También es archiconocida su aversión a las elecciones de cualquier tipo, congruente por su mortífero desdén por la democracia y la sociedad abierta.</p>
<p>Como en los dramas de suspenso bien urdidos, el factor tiempo, representado por   la cuenta regresiva del un reloj digital, los tejemanejes de la pandilla salvaje, la cubana y sus filiales venezolanas,  se tornarán más frenéticos , osados y potencialmente funestos a medida que nos acerquemos a octubre.</p>
<p>¿Será  posible, a estas alturas, derrotar el imperecedero  designio castrista de avasallar a Venezuela?   Nadie lo sabe a ciencia cierta, pero lo que sí está cada día más claro es que el  futuro de nuestras libertades dependerán cada vez menos de los arrebatos y vociferaciones de un delirante caudillo gravemente enfermo y más de la decisión de todos los venezolanos agrupados en torno a la idea de unidad, reconciliación y democracia.</p>
<p>@ibsenM</p>
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		<title>Nacionalización de YPF: El Eterno Retorno</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Apr 2012 13:51:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ibsen Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[Las acciones de la señora Cristina K encaminadas a renacionalizar YPF  mueven de nuevo a pensar en la nacionalización como rito chamánico. Al no pretender ser magia negra— puesto que no procura hacer el mal, sino el bien –, la estatización de la economía está condenada al fracaso porque, tal como muestra la experiencia humana [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ibsenmartinez.com/wp-content/uploads/2012/04/Los-Kirchner.jpg"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-1709" title="Los Kirchner" src="http://ibsenmartinez.com/wp-content/uploads/2012/04/Los-Kirchner-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a>Las acciones de la señora Cristina K encaminadas a renacionalizar YPF  mueven de nuevo a pensar en la nacionalización como rito chamánico.</p>
<p>Al no pretender ser magia negra— puesto que no procura hacer el mal, sino el bien –, la estatización de la economía está condenada al fracaso porque, tal como muestra la experiencia humana desde hace ya suficiente tiempo, sólo la brujería decididamente maléfica del mercado y el interés individual logran salirse con la suya.</p>
<p><span id="more-1707"></span></p>
<p>En efecto, la nacionalización en  América Latina puede y debe verse como un rito de fertilidad y de abundancia. Una danza propiciatoria para hacer lluvia en tiempo de sequía.</p>
<p>Equivale a la ceremonia con que los <em><span style="text-decoration: underline;">sioux</span></em> de las praderas norteamericanas rogaban a sus deidades que sus partidas caza hallasen nutridos rebaños de bisontes. O a las que los chamanes de nuestras etnias amazónicas recurren para propiciar a sus congéneres buena caza o  buena pesca y que no se los coma el tigre.  Es pensamiento “mágico-distributivo”, digamos, aplicado a la macroeconomía con vistas al desarrollo y la prosperidad de todos.</p>
<p>Pero al no pretender ser magia negra— puesto que no procura hacer el mal, sino el bien –, la nacionalización está condenada al fracaso porque, tal como muestra la experiencia humana desde hace ya suficiente tiempo, sólo la brujería decididamente maléfica del mercado y el interés individual logran salirse con la suya.</p>
<p>Recuerdo que el 1º de mayo de 2006,  fecha en que Evo Morales nacionalizó “sorpresivamente” la industria de hidrocarburos boliviana,  lo pasé encerrado en una habitación de un hotel de Cochabamba, abatido por una doble frustración.</p>
<p>Un esquivo sindicalista “trotsko-cocalero” con quien concerté  una entrevista para <em>The New Republic </em>me había dejado plantado.</p>
<p>La segunda frustración vino al encender la televisión y percatarme de que Evo Morales presidía en aquellos momentos una ceremonia de ocupación de un campo gasífero en Tarija. Yo habría debido estar allí y no en Cochabamba. Pero no me perdí demasiado.</p>
<p>En realidad, lo único sorpresivo que cabía registrar fue el adelanto de la fecha. Lo más colorido del  ceremonial fue el despliegue militar en las instalaciones de una concesionaria extranjera, como si del asalto a una fortificación enemiga se tratase. Lo mismo ocurría con las inofensivas gasolineras de Petrobras: piquetes de soldados en traje de campaña y armados hasta los dientes custodiaban los surtidores.</p>
<p>La oratoria reivindicativa de la soberanía de la nación boliviana respecto de la riqueza del subsuelo me hizo recordar el discurso de Carlos Andrés Pérez, treinta años atrás, cuando se nacionalizó <em>por primera vez </em>la industria petrolera venezolana: las mismas invocaciones a Bolívar, las mismas consignas sobre el “patrimonio de todos”, las mismas admoniciones sobre la necesidad de “administrar la abundancia con criterio de escasez.”</p>
<p>La nacionalización boliviana se anunció  como lo han hecho todas las nacionalizaciones  de la región: como el advenimiento  de una nueva era, aunque en realidad no fuese más que un avatar del mito del eterno retorno. Con la de 2006, Bolivia nacionalizaba <em>por tercera vez</em> en menos de setenta años su riqueza fósil, para no hablar del estaño, nacionalizado  medio siglo atrás.</p>
<p>Sólo unos cuantos meses más tarde, en los primeros días de enero de 2007,  durante la ceremonia inaugural  de su actual período presidencial, Hugo Chávez anunciaba nacionalizaciones que  describió como el comienzo del largo camino al “socialismo del siglo XXI”.</p>
<p>Poco después comenzó por “renacionalizar” ­ empresas públicas  privatizadas en los años noventa: la telefonía y las compañías de electricidad.</p>
<p>En el mismo acto se anunció el designio de lograr mayoría accionaria en la participación de la petrolera estatal venezolana en los grandes proyectos de la faja bituminosa del Orinoco, hasta entonces dominados  por las estadounidenses ExxonMobil, Conoco-Phillips y  Chevron, junto a la francesa Total, la inglesa BP y la noruega Statoil.</p>
<p>Característicamente, Chávez ordenó la ocupación militar de las instalaciones arrebatadas a la codicia extranjera. La puesta en escena de la ceremonia incluyó el vuelo rasante, por sobre el complejo petrolero escogido para el acto, de un dúo de cazas interceptores Sukhoi, de fabricación rusa y  reciente adquisición.</p>
<p>¡Qué amasijo de mixtificaciones belicistas, cuánta descaminadora carga simbólica militarista, cuánta inconducente teatralidad compensatoria tiene  en nuestro continente este tipo de medida económica, a pesar de su largo y grueso historial de fracasos tan idealizados como ruidosos!</p>
<p>En América Latina  puede hablarse ya  de <em>oleadas</em> nacionalizadoras, tal como los historiadores del siglo XX hablan  de una primera, segunda  y tercera oleadas de populismo.</p>
<p>La primera se asocia con la hora estelar del general Lázaro Cárdenas en México y es de aquella, sin duda, que la idea cobró su modélica calidad de militarismo anti-imperialista.</p>
<p>Siete décadas más tarde, Chávez protagoniza la tercera, o cuarta, quinta o quizá sexta oleada de nacionalizaciones, luego de los fiascos mexicanos, argentinos, peruanos y bolivianos. Y de sus propios fiascos.</p>
<p>El rasgo más prominente de las oleadas nacionalizadoras  es su cariz <em>exculpatorio </em> de toda insuficiencia en la gestión del estado.  Chávez nacionaliza fundos pecuarios, cañaverales, silos platanales, hoteles y condominios en construcción, para compensar la colosal ineptitud de un petrogobierno que acusa, sin fundamento alguno, a las cementeras extranjeras del fracaso estruendoso de su plan de viviendas. Cristina K, por su parte,  nacionaliza las acciones de Repsol en YPF so pretexto de detener enérgicamente la caída en la producción,  pero, en realidad, para encubrir que esa caída en la producción obedece  a la pésima gestión gubernamental, tan  propicia a la desinversión en todos os rubros económicos. Junto a ello, la caída de las reservas argetninas, concomitante del aumento en las importaciones. NO deja de ser carcatsrísticode la maacarada populista de gobiernosmcomo el de la Srgentina el que los señores K hayan aprobado entusiastametne las privatizaciones de los años 90 precedids por Carlos Menem.</p>
<p>Peero está probado que como electoral artificio de chamanismo económico,  las nacionalizaciones no son buenas, hacen daño y se acaba por rodar.</p>
<p>Y al cabo, igual viene el tigre y te come.</p>
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		<title>Ozzie Guillén y la tiranofilia latinoamericana (en &#8220;Letras Libres&#8221;)</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Apr 2012 16:04:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ibsen Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[Para leer, hacer click en]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a title="Ozzie Guillén y la tiranofilia latinoamericana" href="http://www.letraslibres.com/blogs/polifonia/ozzie-guillen-y-la-tiranofilia-venezolana">Para leer, hacer click en </a></p>
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		<title>Ozzie Guillén y la tiranofilia latinoamericana</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Apr 2012 17:28:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ibsen Martínez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Guillén admira a Fidel Castro, sí, pero ni más  ni  menos que las empingorotadas señoronas de la high society caraqueña cuando, en 1989, se desmoñaban por estrechar la mano del Comandante, invitado estrella a la coronación de Carlos Andrés Pérez. Hace pocos días, Oswaldo Guillén, timonel profesional de equipos de béisbol en Grandes Ligas,  declaró su [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ibsenmartinez.com/wp-content/uploads/2012/04/Ozzie.jpg"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-1691" title="Ozzie" src="http://ibsenmartinez.com/wp-content/uploads/2012/04/Ozzie-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a></p>
<p>Guillén admira a Fidel Castro, sí, pero ni más  ni  menos que las empingorotadas señoronas de la <em>high society</em> caraqueña cuando, en 1989, se desmoñaban por estrechar la mano del Comandante, invitado estrella a la coronación de Carlos Andrés Pérez.<img title="Más..." src="http://ibsenmartinez.com/wp-includes/js/tinymce/plugins/wordpress/img/trans.gif" alt="" /></p>
<p>Hace pocos días, Oswaldo Guillén, timonel profesional de equipos de béisbol en Grandes Ligas,  declaró su amor y admiración por Fidel Castro.</p>
<p>“¿Quieres saber porqué?”-  ofreció, explicativo -, “porque  durante todos estos años mucha gente ha intentado matarlo pero  el [&amp;%&amp;·$)/()¿?] todavía está ahí”.</p>
<p><span id="more-1690"></span></p>
<p>Como la entrevista fue concedida en el áspero  inglés  de gente ruda que se habla al sur de Chicago, donde está el parque de los Medias Blancas, antiguo equipo de Ozzie, debemos suponer que el pudibundo corchete relleno de arañitas que inserta la prensa gringa en la transcripción quiere decir algo así como “moderfocker” , equivalente a nuestro enfático “coñoe’sumadre”.</p>
<p>Que se sepa, el manejador venezolano que, al  momento de formular sus declaraciones y hasta nuevo aviso,  es el manejador de los “Marlins de Miami”, no aportó otras razones para su admiración. Sólo esa: el Comandante Moderfocker sigue allí,  a pesar de más de seiscientos intentos de magnicidio, reales o imaginados por el G2 cubano. Sólo eso, el superlativo récord de sobrevivencia y su correlato, el de ininterumpida permanencia  en el poder,  es lo que lleva a Ozzie a afirmar “ amo a Fidel”.</p>
<p>La fanaticada de los Marlins, en su gran mayoría cubanos en el exilio y cubanos de origen estadounidense, ha puesto el grito  en el cielo y ahora alienta un boicot al equipo  floridano que no cesará hasta que despidan al réprobo. La gerencia general del equipo  se ha “desmarcado”, como suele decirse, con una declaración de prensa  que inequívocamente censura las opiniones del antiguo shortstop de los Media Blancas y de los Orioles de Baltimore. Se ha afirmado insistentemente que Ozzie , el hablachento Ozzie, el desenfadado Ozzie que siempre contaba con la absolución luego de cada uno de sus provocadores despropósitos, se ha quedado al fin sin trabajo en la Gran Carpa.</p>
<p>De súbito, el cielo de la Florida se ha vuelto de concreto armado antes de caerle encima a Ozzie mientras  todo el mundo, <em>urbi et interneti</em>, como diría mi entrañable amigo Ricardo Bada, piensa que  el venezolano merece al menos ser sumergido a la fuerza en un barril de brea y emplumado hasta la gorra antes de desterrarlo para siempre de Miami.  Mientras escribo esta bagatela, sin embargo, llega la noticia de que la alta gerencia de los Marlins ha suspendido al lenguaraz por solamente cinco partidos. Y, casi inmediatamente, comienza una rueda de prensa  televisada en la que Ozzie toma para sí el  de un Heberto Padilla forzado a “autocriticarse” ante la Unión de Escritores y Artistas  de Cuba.</p>
<p>A despecho de su rueda de prensa,  me late que el hoy “arrepentido” Ozzie sigue creyendo que Fidel es digno de admiración  porque ha estado allí contra viento y marea y “no se ha dejado tumbar”, pero, ¡cuidado!,  eso mismo creen millones de latinoamericanos. Digo “creen” y no “piensan” porque, tal  como dejó dicho el gran Juan de Mairena,  <em>bajo lo que se piensa está lo que se cree</em>.</p>
<p>La tiranofilia es la disposició a condonar de antemano todas las arbitrariedades de un   déspota en la creencia de que la sujeción  a poderes independientes del Poder Ejecutivo  no es más que un estorbo para el iluminado que nos tiraniza y a quien  “hay que dejar trabajar”. La permanencia en el poder absoluto es acaso el supremo valor en nuestras sociedades, acostumbradas a abdicar de sus  responsabilidades otorgándole a un iluminado imprescindible la potestad de tiranizar. Ella ha avivado en todo tiempo  el argumento en pro de la reeeleción.</p>
<p>En  Venezuela,  pese a ser una democracia desde 1958 , ha sido frecuente gobernar con poderes especiales, los hechos, por completo dictatoriales, durante casi la totalidad de los períodos presidenciales. Gobernó así Rómulo Betancourt, so pretexto de derrotar la nsurgencia guerrillera. Igual hizo Carlos Andrés Pérez, en su primer período, para afrontar mejor las turbulencias del boom petrolero del 73. Y lo ha hecho Chávez durante catorce años, sin “burguesas” rémoras  leguleyas que entorpezcan  sus salvadores designios. Y ni hablemos de  la primera  mitad del siglo pasado, y mucho menos del siglo de Bolivar, aquel incomprendido, beneficiario perpetuo de poderes  dictatoriales invariablemente extorsionados al Legislativo cada vez que se le trancaba el serrucho.</p>
<p>De modo que, concedido: Guillén es insincero en su retractación  porque, siendo latinoamericano,  en el fondo de su corazón – en el corazón de su corazón, según dice la locución gringa- admira a Fidel Castro, sí, pero ni más  mas menos que lo admiraban las empingorotadas señoronas de la <em>high society</em> caraqueña cuando, en 1989, se desmoñaban por estrechar la mano de Fidel, invitado estrella a la coronación de Carlos Andrés Pérez. Y por las mismas razones: “ No se le puede quitar que  es un hombre de una gran personalidad. ¡Cuántos  presidentes no ha visto pasar por la Casa Blanca y él sigue estando allí, convencido de su vaina”.</p>
<p>Por todo lo que sabemos, la mitad de nuestros compatriotas apoya los usos de Chávez, mientras que un gran contingente del bando opositor considera, ¡todavia hoy!, que los políticos,  al fin los oficiantes del juego democrático,  deberían hervir todos en las pailas del infierno.</p>
<p>Y añoran un Chávez de signo contrario.</p>
<p>@ibsenM</p>
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